Marcel Reich-Ranicki
 
El crítico literario y «pope» de la cultura alemana Marcel Reich-Ranicki, habla en esta entrevista entre otros temas de sus relaciones con Joachim Fest

(DER SIPEGEL 06/06/2005)

R. (...)En Polonia puede ocurrir que dos literatos que están enfrentados se encuentren casualmente en Varsovia al cabo de un año y uno de ellos diga: "Basta ya. ¡Vamos a tomarnos un vodka!". Y el enfrentamiento se da por terminado. Creo que es una actitud de lo más razonable. Sólo se vive una vez y permitir que una pelea dure toda una vida es siempre una completa idiotez. Además, suelo ser agresivo, pero jamás vengativo.

P. ¿Eso quiere decir que no rechazaría un acercamiento por parte de Joachim Fest, que fuera su amigo y compañero de armas durante muchos años en el Frankfurter Allgemeine Zeitung?

R. No. En cualquier caso, lo cierto es que la amistad con Joachim Fest constituye un episodio muy especial y muy importante en mi vida y, aunque Fest lo desmienta ahora, también en la suya. Fest puede olvidar y negar el aprecio y la simpatía que existió hace años, en un contexto muy diferente del actual, pero eso sólo demuestra su falta de respeto por su propio pasado.

P. El motivo fundamental de sus desavenencias fue el enfrentamiento entre historiadores a la hora de evaluar el periodo del nacionalsocialismo, y sus opiniones encontradas sobre la figura del nazi Albert Speer, personaje que vuelve a estar de actualidad a raíz de la serie televisiva de Heinrich Breloer. ¿Ha habido intento de reconciliación con Fest?

R. Varios. La hermana de Fest, que falleció el año pasado y con la que mi mujer y yo hemos mantenido una buena amistad durante muchos años, hizo grandes esfuerzos por que llegáramos a reconciliarnos o, por lo menos, por lograr que hablásemos para aclarar lo ocurrido entre nosotros, cosa en la que yo estaba muy interesado. Pero fue inútil. "No tiene sentido", me decía, "soy incapaz de conseguir nada. Joachim sólo siente odio". Por lo que a mí respecta, es cierto que en ocasiones soy malvado, pero no sé lo que es odiar.

P. En su autobiografía «Mi vida» describe cómo en septiembre de 1973, en la presentación en Berlín de la biografía de Hitler escrita por Fest, sin previo aviso se vio obligado a enfrentarse como superviviente del Holocausto con un Albert Speer que ya había cumplido su condena y que también había sido invitado a la presentación del libro.

R. Sí, fue algo realmente espantoso. De repente tenía ante mí a uno de los asesinos de mis padres y de mi hermano. Nadie me había avisado, ni siquiera Fest.

P. En el último libro de Fest, Preguntas sin respuesta, en el que recoge las notas que tomó durante las conversaciones que mantuvo con Speer tras su salida de la prisión de Spandau, califica de "invención" su descripción de aquel encuentro berlinés.

R. Me apena constatar que a Fest le flaquea la memoria. Hay muchos testigos presenciales de aquel encuentro.

P. Usted no escribió sobre este episodio hasta mucho después, al redactar sus memorias. ¿Por qué?

R. La cosa estaba hecha y ya no tenía remedio. Estoy casi seguro de que Fest no omitió avisarme de la presencia de Speer por mala intención, sino por puro egotismo. Ni se le pasó por la cabeza que yo quisiera evitar verme compartiendo mesa con un hombre como Speer.

P. ¿No podría ser que en aquel entonces Fest juzgara a Speer con demasiada buena fe, como ahora se le reprocha? ¿Que realmente se creyera el cuento del "nazi bueno"?

R. No, es un error pensar que Fest es un ingenuo. Su presentación de Speer no tiene nada que ver con la buena fe, sino más bien con sus convicciones y sus tácticas políticas y quizá también con su patriotismo. Al vender al país, y sobre todo a los pequeños nazis y a los simpatizantes, esa imagen de Speer como nazi honrado, cuando no noble, les ayudó a recuperar la buena conciencia. El hecho de que un hombre con un talento tan extraordinario como Speer se hubiera dejado enredar en todo aquello suponía en definitiva la expiación de las culpas de todos los que habían colaborado. El inmenso éxito de los libros de Speer tiene que ver con ese planteamiento de fondo. Con esto no estoy diciendo que Fest tuviera mala intención, sólo digo que en el caso de Speer ni se podía ni se puede hablar de enredo. Era un criminal nazi peligroso que sólo se diferenciaba de Göring o Himmler por sus buenas maneras. Hoy en día sabemos que Speer fue de los primeros en dar orden de que se deportara de sus hogares a los judíos de Berlín.

P. (...)


Obras traducidas por Marc Jiménez Buzzi sobre la Segunda Guerra Mundial.