Entrevista a JOACHIM FEST periodista y
autor de 'EL HUNDIMIENTO' (27/02/2005 El País)

JOSÉ COMAS, autor de la entrevista

Fest ha dedicado más de la mitad de su vida al estudio de Adolf Hitler y el Tercer Reich. Ahora, una película, El hundimiento, basada en su libro del mismo título, ha ocasionado polémicas en torno al dictador alemán. Para unos, el Führer aparece en sus últimos días demasiado humano; para otros, la figura de Hitler queda demasiado trivializada. Fest asegura que todo está basado en datos históricos.

Pregunta. Usted es el autor de la obra que sirvió de base al guión de la película El hundimiento sobre los últimos días de Hitler y también intervino como asesor. ¿Cuál fue su papel?

Respuesta. No muy grande. Leí el guión y propuse algunos cambios, tres cosas pequeñas. Luego asistí algunas veces al rodaje, asesoré un poco a los actores y algo sobre los uniformes de la época.

P. ¿Quedó usted satisfecho del resultado?

R. Sí, siempre hay algunas pequeñeces que objetar, pero en conjunto estoy muy contento.

P. No está de acuerdo con la acusación de trivializar el tema.

R. La mayor parte de la crítica viene de competidores como Wim Wenders que nunca hicieron una película de éxito y ahora están enfadados porque otra película u otro productor tengan un éxito tan grande.

P. ¿Cree usted que hay envidia de por medio?

R. Absolutamente.

P. ¿La película es fiel a la historia?

R. Sí, naturalmente. El relato de los padres y el chico del Volkssturm

[grupo formado con los últimos efectivos para la defensa del Reich] que dispara contra los blindados es inventado, pero no se trata de algo sacado de la nada, sino que eso ocurrió cien o mil veces. La figura no es histórica, pero es auténtica.

P. Sobre la muerte de [el ministro de Propaganda de Hitler Joseph] Goebbels y su familia no hay nada en su libro.

R. No, no está en mi libro. Existe la versión, documentada por dos o tres testigos, de que se dispararon el uno al otro. La mayoría dice que los mató a tiros un comando de las SS. En mi libro no mencioné estas desviaciones pequeñas porque habrían llevado muy lejos. Eso se podría tratar en una obra científica con anotaciones. Está también la tesis sobre la muerte de Hitler de que su ayuda de cámara Linger o cualquier otro los mataron a tiros a él y a Eva Braun. Yo no lo mencioné porque me pareció muy poco probable. Un testigo dice una cosa y otros cinco dicen otra. Por eso en un libro como el que yo escribí, que no es una investigación científica sino sólo una exposición sobre bases científicas, no se puede investigar cada detalle. Eso sólo confunde al lector. Para el que quiera consultar hay otras fuentes suficientes.

P. ¿Cómo se explica que sobre un acontecimiento tan importante como la muerte de Hitler haya tantas versiones?

R. Porque ninguno estaba allí. No había nadie en la habitación y después llegaron algunos testigos. Uno dijo que Hitler estaba sentado en un sofá al lado de Eva Braun. Uno dijo que se disparó en la sien derecha, otro que en la izquierda. Como Hitler no era zurdo, parece difícil que se disparase en la sien izquierda. Otros dijeron que se pegó un tiro en la boca. Uno de los interrogados en Moscú se dio cuenta muy pronto de lo que querían oír los interrogadores y dijo lo que ellos querían oír. Por eso las declaraciones que se hicieron en Moscú no son del todo creíbles.

P. ¿Que clase de persona era Eva Braun? En la película parece muy divertida.

R. Sí, era probablemente una persona amable, muy vivaracha y al mismo tiempo superficial a la que le gustaban mucho las fiestas y festejar. Ella quería celebrar cada día el cumpleaños.

P. En su libro escribe sobre la muerte del cuñado de Eva Braun, Fegelein, y cita de forma textual una conversación entre ellos en la que él le dice: "Eva, tienes que abandonar al Führer, no seas tonta, se trata de la vida o la muerte". ¿De dónde sacó esta conversación?

R. Creo que Eva Braun dijo en su entorno que Fegelein se lo había dicho y se lo contó a su hermana, que vivía en Múnich y por eso se sabe. No lo habría escrito si no hubiera testigos creíbles de ello.

P. ¿Qué le parece el libro de la secretaria de Hitler

[Traudl Junge (Hasta la última hora)] que también sirvió de base al guión?

R. Aporta un par de detalles interesantes. Ella no tenía quizá una visión suficiente, pero es una fuente interesante porque los detalles que contiene son muy interesantes para un historiador.

P. Uno de los factores principales del éxito de la película es la interpretación de Bruno Ganz. ¿Qué le parece a usted?

R. Extraordinaria. Él ha sentado nuevas medidas para la interpretación de Hitler. Ya lo habían interpretado Alec Guinness y Anthony Hopkins. En los días del estreno de la película en Alemania se pasó en la televisión una serie americana de dos entregas sobre el ascenso de Hitler con un actor, Carlyle, y también está Charlie Chaplin en cada imagen de Hitler. Chaplin hizo una sátira de Hitler y Hitler no era un objeto de sátira. Chaplin se burló de Hitler, pero nosotros ya no nos podemos burlar de Hitler. Me parece que Chaplin hizo la película en 1939 o 1940, y entonces en aquel tiempo se podía hacer, pero hoy se acabó la risa. Esto hay que mostrarlo en las películas sobre Hitler, y Bruno Ganz es el primer actor que representa a un Hitler con el que uno ya no se ríe.

P. Entonces usted no está de acuerdo con los que critican la presentación de un Hitler humano.

R. Eso son argumentos estúpidos. Naturalmente Hitler era un ser humano. ¿Qué era si no? Durante un tiempo se le declaró un monstruo, pero él no llegó de otro planeta. No era un fantasma de otro planeta, sino una persona como las demás. Él puso de manifiesto que el mal existe de verdad en el mundo. Con la Ilustración todos nos hemos dejado convencer de que no existe el mal, de que se trata de algo fantasmagórico. No, el mal se esconde en cada ser humano. A través de Hitler y muchos otros, no sólo Hitler, sino también Stalin y Mao y como se llamen, yo espero que se haya aprendido que el mal existe y que hay que armarse en contra y hay que estar prevenido.

P. ¿Hay en el mal una componente banal, como escribe Hanna Arendt en su libro sobre Adolf Eichmann?

R. No, eso no es el mal. Hanna Arendt dijo que esa gente no es en sí malvada, sólo hacían lo que se les ordenaba y no querían gozar el mal en sí mismo, sino tener una condecoración o llevarse un par de los pedazos mejores. Ellos querían hacer carrera y ése no es motivo del mal verdadero.

P. Alemania está considerada como un país de pensadores y poetas. ¿Cómo fue posible que ocurriera todo aquello?

R. ¡Uf! Sobre eso hay muchos libros escritos. No se puede responder así de sencillo. Se juntaron muchos motivos. Está claro el papel que representaron los alemanes en la Guerra de los Treinta Años y que alcanzó su punto culminante en Versalles

[tratado que puso fin a la Primera Guerra Mundial], cuando los países de alrededor trataron a los alemanes como una quantité négligeable [cantidad despre-ciable] y cada uno creyó que podía hacer lo que quisiera con los alemanes. Los alemanes se sintieron despreciados en el mundo y a esto se unió un elemento austriaco muy fuerte en la persona de Hitler. Los alemanes no eran en realidad tan antisemitas. Naturalmente, había antisemitismo, pero no tan sangrante como en Viena. Hitler lo trajo a Alemania y después Hitler se sirvió del talento organizador alemán. En Austria, en el fondo no fue tan terrible porque siempre hay esa componente austriaca de ligereza. Pero en Alemania hay esa necesidad de funcionar y ese sentido de que las organizaciones, los aparatos y los militares y yo qué sé más funcionen sin fallos. Esa combinación fue horrible. Después, los 12 años de la República de Weimar, que vivió una catástrofe tras otra y empobreció de una forma monstruosa a toda la gente. Hubo una ruina de todos los sectores burgueses. Mis abuelos maternos, por ejemplo, eran gente acomodada antes de la guerra y en los años veinte quedaron por completo en la pobreza. Mis abuelos eran gente pacífica, pero hubo otros que no aceptaron la situación y se adhirieron a un partido radical. Lo más radical, si uno no quería unirse a los comunistas, y eso no lo querían los burgueses, era irse con los nazis. Esas son un par de razones, pero hay todavía otras veinte.

P. ¿Diría usted que hubo algo específico alemán en todo eso?

R. No. Eso hubiera podido ocurrir en cualquier lugar del mundo.

P. Una pregunta sobre una cuestión de actualidad, el 60º aniversario del bombardeo de la ciudad de Dresde. Tengo la impresión de que se ha roto un tabú, el de hablar de forma abierta sobre los sufrimientos de los alemanes.

R. ¿Es que los alemanes no sufrieron? Naturalmente que sufrieron.

P. Durante mucho tiempo ése fue un tema tabú. ¿Es sano que haya dejado de serlo?

R. Mire usted, es un derecho de la persona recordar a sus muertos. Yo nunca me atuve a que no debía hacerlo. ¿Quién me lo va a prohibir? Entre mis parientes hay 30 personas asesinadas, violadas, matadas por rusos y polacos. Naturalmente que pienso en ellos. Naturalmente que tengo sensaciones deprimentes cuando pienso lo que seres humanos han hecho a seres humanos. ¿Y no se debe hablar de esto? Eso es una completa estupidez. Eso lo dicen algunos, pero no se debe tomar en serio. Es algo sencillamente tonto. Muchos alemanes sufrieron también. Le voy a contar un caso. Unos amigos de mis padres tenían tres hijos y todos estaban contra los nazis, fueron perseguidos por los nazis. Al padre lo llevaron varias veces a un campo de concentración y siempre lo soltaban, pero estuvo en una situación de gran peligro. Los tres hijos cayeron en la guerra. ¿No tiene esa gente derecho a sufrir? ¿Sólo tienen derecho a sufrir los franceses, ingleses, italianos y cualquier otro porque perdieron a personas de sus familias y los alemanes no? Esos alemanes estaban también contra los nazis. Ése es un sufrimiento quizá mayor que el de los otros.

P. ¿Por qué?

R. Porque un francés siempre puede decir que su marido o sus hijos murieron por la gloria de Francia. Un alemán no puede decirlo, lo llevaron a la guerra de Hitler y murió. Ese joven o los tres jóvenes de esa familia, ¿por qué no se puede decir lo que sufrieron? ¿Y por qué, cuando de repente se cuenta esta historia, todo el mundo dice que los alemanes quieren comportarse como los únicos que sufrieron? No, ellos tienen derecho. Es algo absolutamente natural. Detrás [de la negativa a reconocer el derecho al sufrimiento] se esconde una filosofía inhumana, absolutamente bárbara, y eso es exactamente una filosofía nazi. Esto lo digo también a todo el que me diga que los alemanes quieren exhibir su dolor.

P. Existe el peligro de que los neonazis ocupen y utilicen el tema.

R. ¡Ah, los neonazis! ¡Dios mío! Eso no son neonazis. Eso son gamberros que quieren armar ruido y conseguir provocar algo de escándalo y lo logran. Se alegran cuando se les llama nazis, pero no tienen ninguna ideología, no tienen nada. Sólo quieren armar jaleo y molestar a la gente. Ellos saben que lo mejor que pueden hacer para irritar a la opinión pública es hacer como si fueran nazis. Esto es todavía un tabú y con eso se consigue el máximo efecto. Todo el mundo escribe inmediatamente de que los nazis vuelven. No son nazis. Son personas violentas, sí, son bárbaros. Carecen de la más mínima visión del mundo, no tienen una teoría unitaria del mundo, como la tenían los nazis con sus ideas sobre la raza. Éstos sólo quieren armar jaleo, bulla, ruido y exasperar un poco a la opinión pública. ¡Toda esa excitación en el mundo! En Francia hay un 20% o un 30% de seguidores de [el ultraderechista Jean-Marie] Le Pen y nadie se altera por eso. Él tiene más ideología que todos esos jóvenes diputados de Sajonia [Estado federado alemán donde el ultraderechista Partido Democrático de Alemania (NPD) consiguió más de un 9% de votos]. No obstante, no debería tomarse esto a la ligera, pero esa indignación artificial, ese espanto por todas partes, yo no puedo de verdad tomarlo en serio. Quizá lleguen a convertirse en algo peligroso, pero de momento no lo son.

P. Pero el tema de los neonazis se vende muy bien en periodismo.

R. Sí, eso sube la tirada.

P. Cuando se ofrece un tema así se acepta de inmediato.

R. Los alemanes sirven muy bien para utilizarlos en historias de horror. Los alemanes siempre son buenos para historias de fantasmas.

P. ¿Trabaja usted ahora en un libro sobre Albert Speer [el arquitecto y ministro de Armamento de Hitler]?

R. Ya está terminado y saldrá dentro de unos días. Son las notas que tomé en el tiempo que le conocí.

P. ¿Se pueden esperar muchas novedades?

R. Son mis conversaciones con él. En ellas hay mucho que permite conocer su carácter.