LA MUERTE CAÍA DEL CIELO. Rolf-Dieter Müller
2.- DE LOS CABALLEROS DEL AIRE A LOS BOMBARDEOS ESTRATÉGICOS

(...) En 1925 dos oficiales (alemanes) viajaron de incógnito a España para participar en operaciones prácticas en Marruecos. En el protectorado español, las cabilas del Rif capitaneadas por Abd el Krim se habían rebelado y decretaron una «república independiente». Durante años de combates infligieron terribles derrotas a los españoles. Las potencias coloniales europeas se sentían amenazadas por el despertar político del Islam. Los españoles se habían atrincherado en costosas líneas de bloqueo con el fin de estrangular las cabilas del Rif en el territorio cercado. Para acelerar el sofocamiento de la rebelión, atacaron con aviones algunos pueblos, mercados y escondites situados en las montañas. La utilización de bombas de gas aumentó enormemente la potencia destructora de los ataques. El químico alemán Hugo Stoltzenberg construyó en Melilla una fábrica de armamento químico y lo suministraba a las fuerzas aéreas españolas. Los dos oficiales alemanes supieron apreciar la eficacia de esta estrategia, que reproducía en pequeño y mejoraba la de los bombardeos ya ensayada en la primera guerra mundial; pero la utilización de pequeñas cantidades de gas tóxico en bombardeos aislados llevados a cabo por aviones pequeños no les convenció.

Fragmento de un informe sobre las experiencias en el sofocamiento de la rebelión en el Marruecos español, 1925:

«La masa de los aviadores españoles está estacionada en Marruecos. Además de la eficacia de su "bloqueo pacífico" mediante el cierre del territorio cedido a las cabilas, el general Primo de Rivera confiaba sobre todo en el éxito de los ataques aéreos sistemáticos y en los efectos devastadores del gas tóxico. Mediante bombardeos planificados que debían hacer imposible la permanencia en ciudades y pueblos, la organización de los mercados y el cultivo de los campos, se pretendía obligar a Abd el Krim a ordenar el cese de las hostilidades. El número de aviones llegó casi a triplicarse.

»Las cabilas se han adaptado a la guerra aérea. En las numerosas cuevas de las escarpadas montañas del Rif poseen escondites para aviones absolutamente seguros. Los pueblos destruidos han sido abandonados por sus habitantes. La mayor parte de la población sedicente del Rif vive en las cuevas de las montañas. Todavía está por ver si se puede impedir a la larga toda actividad agrícola y comercial en el conjunto del territorio. Lo cierto es que desde el año 1921 en los territorios rebeldes no se labran los campos»12

             12.KUNZ, Rudibert, MÜLLER, Rolf-Dieter, Giftgas gegen Abd el Krim, Friburgo, 1990, p. 207.

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