STAUFFENBERG, de Peter Hoffmann.
Historia de una alemán.

Miguel Jiménez
18 de marzo de 2009

Al hilo de la reciente película de Bryan Singer, protagonizada por Tom Cruise, han surgido una serie de publicaciones, más o menos oportunistas, acerca de las circunstancias del famoso atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, el que más cerca estuvo de costarle la vida al dictador. Esta monumental biografía no es fruto improvisado de la oportunidad, sino un intento de estudiar al hombre que estuvo a punto de conseguir esa hazaña (Claus Schenk Graf von Stauffenberg) y su entorno inmediato.

Lo más interesante del libro es advertir la evolución del pensamiento de Stauffenberg ante las circunstancias históricas de las que va siendo protagonista. Claus procede de una aristocrática familia alemana de gran tradición militar. Desde pequeño a él y a sus hermanos se le inculcan conceptos que tienen que ver con la superioridad germánica y la mayor importancia del "ser colectivo" frente a las individualidades. El servicio a la patria, ya sea en uno u otro sentido, va a ser una constante en la vida de nuestro personaje, con lo cual la noticia del final de la Primera Guerra Mundial, con la consiguiente humillación de su Gran Alemania, va a caer como un mazazo.Un terrible golpe asestado sobre él y sobre otros muchos ciudadanos alemanes, que empezarán a pensar en un desquite desde el mismísimo día después del armisticio. Hoffmann nos hace ver muy bien todas estas eventualidades desde la perspectiva de la conciencia de un hombre representativo del sentir de otros muchos ("Mi Alemania no puede morir, y aunque ahora se hunda, volverá a ser grande y fuerte; al fín y al cabo, todavía existe Dios", dirá un joven Claus). Un discurso precoz y muy propio de su personalidad.

En realidad vemos que el resultado de la Gran Guerra pone las bases y las semillas para hacer inevitable la segunda. Muchos alemanes nacionalistas se sienten traicionados, entran en guerra civil con la izquierda y capean la brutal crisis económica como pueden. Cuando finalmente Hitler llega al poder muchos lo ven como un mesías, como un salvador que va a devolver el antiguo esplendor a Alemania. Poco importa que la democracia esté en la tumba. El genio de un solo hombre, que conecta con los deseos más íntimos e inconfesables de muchos de sus ciudadanos: orden y grandeza a cualquier precio.

El caso de Stauffenberg resulta muy curioso para el lector, sobre todo si es español, porque nuestros militares no han sido muy dados tradicionalmente a la escritura. Y es que Claus era un militar que aunaba en su persona las armas y las letras, como si de un don Quijote se tratara. El y sus hermanos pertenecieron desde muy temprano a la "Alemania secreta", una sociedad fundada por el poeta Stefan George, una especie de Goethe de su tiempo, que abogaba por la superioridad del pueblo alemán, pero desde un punto de vista más intelectual y espiritual, muy alejado de la política agresiva del nacionalsocialismo, cuya influencia va a ser muy importante en su manera de pensar y de actuar. El ejercicio intelectual va a ser una constante en la vida de Claus y sus hermanos.

En un principio Stauffenberg fue un entusiasta más del nazismo. Cegado por los éxitos de Hitler y por las primeras victorias militares, apenas había lugar para alguna leve crítica, pero los objetivos que se estaban logrando lo justificaban todo. Las formas de conseguirlo eran lo de menos. Al fín y al cabo él era un militar, un eslabón más en la cadena. Cumplía sus órdenes y tomaba sus iniciativas dentro de estas. Se estaba forjando una brillante carrera militar, raticada en su participación en las campañas de Polonia y Francia. Por aquellas fechas victoriosas no tenía problema en afirmar, acerca de los polacos que "la población es una chusma increíble, muchos judíos y mucha gente mezclada. Un pueblo que seguramente sólo se encuentra bien bajo el látigo. Los miles de prisioneros harán mucho bien a nuestra agricultura. En Alemania serán muy útiles, tan trabajadores, voluntariosos y frugales". Puro lenguaje fascista, que se justifica a sí mismo. Afirmaciones de un miembro de la raza superior que dispone el destino de unos cuantos infrahombres. Así que cuando Stauffenberg se escandaliza posteriormente de las matanzas de judíos, no debemos dudar de su buena fe y sus buenas intenciones, pero tampoco debemos olvidar que aportó su granito de arena en que todo eso fuera posible.

Su particular caída de la venda que tenía sobre los ojos se producirá coincidiendo con el desastre del Ejército Alemán en el invierno ruso de 1941-42 y se ratificará con la masacre de Stalingrado. A partir de aquí, Stauffenberg no se siente ya vinculado por su juramento de lealtad ("El juramento de lealtad no era ninguna objección, pues la lealtad debía ser mutua, y Hitler había traicionado a la Wehrmacht, al pueblo", pag. 462) y le da un nuevo sentido a su idea de lo que debe ser un soldado ("Ser soldado, y en especial, ser un jefe militar, ser un oficial, significa ser un servidor y parte del Estado, con la responsabilidad general que eso conlleva", pag. 455), por lo que entra de lleno en el complicado mundo de las conspiraciones contra Hitler, sobre todo después de sufrir sus terribles heridas en Túnez, y se mentaliza de que su nuevo deber de soldado no es ya obedecer a un gobierno que considera corrupto, asesino y traidor al pueblo, sino derrocarlo y salvar el poco honor que pueda quedarle a Alemania, responsable de terribles crímenes.

La última parte de su vida, la que debería haber sido más agitada, con mayores dudas y miedos, él la afronta con una admirable serenidad de espíritu. Está convencido de su misión y pone todo su empeño en llevarla a cabo, aún a costa de su propia vida si fuera necesario. No todos los colaboradores en el golpe de Estado son tan idealistas y muchos de ellos esperan a ver por donde va a soplar el viento una vez se produzca el atentado para decantarse por una u otra opción. Esto me hace pensar que aunque la bomba hubiera acabado con la vida de Hitler la toma del poder por parte de los conspiradores hubiera sido harto complicada, por su deficiente organización. Aún así el intento de Stauffenberg le honra y da unas gotas de dignidad a una Wehrmacht totalmente manchada por unos crímenes inhumanos. En este caso no cabe hacerse la clásica pregunta acerca de si es lícito o no el tiranicidio, sino cuestionarse acerca de como fue posible que una camarilla de criminales obtuviera tantos apoyos entre el pueblo alemán (esto es comprensible con la lectura de este libro) y la mantuviera contra viento y marea en contra de los propios intereses y ante el peligro de aniquilación del propio pueblo alemán (esto solo es comprensible a través de una implacable política guiada por el terror), por lo que la actitud de los conspiradores, vista hoy en día fue digna y valiente, merecedora del homenaje y recuerdo que se le está brindando hoy día a través de estudios y producciones cinematográficas.


STAUFFENBERG, La biografía del hombre que atentó contra Hitler de Peter Hoffmann.
© de la traducción: Marc Jiménez Buzzi y Hans-Eggert Siebken.
© Ediciones Destino | Calección imago mundi Volumene 157