De las pocas personas que participaron en la formulación de estos principios o que conocieron a sus autores, sólo Rudolf Fahrner ha dado testimonio sobre su génesis. En esencia, y de forma consecuente, Fahrner afirmó que Claus Stauffenberg fue el autor de todos o casi todos los principios declarados en este documento.

En octubre de 1947 Alexander Stauffenberg le dijo a Johann Dietrich van Hassell que «poseía el "Juramento" de Claus, el cual demostraba a las claras que Claus pertenecía enteramente a la cultura occidental. El "Juramento" ha sido redactado mayormente por Claus». Sin embargo, «aparentemente no se sabe nada del cierto sobre la historia de su génesis», a pesar de que desde septiembre de 1945 Alexander y Fahrner pasaron varios meses juntos en casa del segundo, en Überlingen. Posiblemente Alexander tuvo conocimiento por vez primera del documento a través de Marlene Hoffmann, su segunda esposa, a quien Rudolf Fahrner pidió en 1944 que le escondiera el «Juramento». Hoffmann lo guardó hasta septiembre de 1945, cuando Fahrner volvió del cautiverio.6 En su poema «Vorabend» (La víspera), publicado en 1964, Alexander seguía hablando del «Juramento» (Schwur);7 no fue hasta más tarde que Rudolf Fahrner y Eberhard Zeller pusieron en circulación el título de «Eid» (que significa igualmente 'Juramento').10 En su poema, Alexander hace que Berthold y Claus vayan recitando por turnos alternos las líneas del «Juramento»; Claus comienza y termina el diálogo. En el poema no se menciona a Rudolf Fahrner.

En 1952 Eberhard Zeller publicó literalmente 95 de las 191 palabras del «Juramento».11 El texto completo del «Juramento» fue publicado por vez primera, con ligeras variaciones en la formulación, en el mencionado poema de Alexander Stauffenberg.12 El texto original completo fue publicado por primera vez en esta biografía en 1992, tras superar algunas reticencias por parte de los herederos de Rudolf Fahrner, reticencias seguramente explicables por la cultura del secretismo propia del círculo de George.

Según testimonio de Fahrner, Claus Stauffenberg les pidió a él y a Berthold que escribieran el «Juramento» según sus indicaciones, lo que éstos hicieron en los primeros días de julio de 1944. Maria Appel, la secretaria de Berthold, pasó a máquina el texto al dictado de Fahrner. Claus realizó con su mano izquierda algunos cambios manuscritos en la versión mecanografiada. El 4 de julio de 1944 le entregó la versión con los cambios a Fahrner y le pidió que la escondiera. Fahrner llevó el texto a Marlene Hoffmann, que vivía en la localidad austriaca de Ramsau unter dem Dachstein.12 Tras la guerra -antes de octubre de 1947, al parecer ya en 1945 con la puesta en libertad de Alexander-, el documento pasó a manos de éste. Presumiblemente el original había quedado en manos de Claus o de Berthold, o quizá en el cajón del escritorio de Maria Appel. Es probable que fuera destruido el 20 de julio de 1944 o confiscado al día siguiente; en cualquier caso ha desaparecido.12

Hay que atribuir a Claus Stauffenberg la idea de escribir un «Juramento», no sólo por el testimonio de Fahrner, sino también por una conversación entre el conde Fritz-Dietlof Schulenburg y Bussche.13 La idea del Juramento está muy acorde con el gusto de Claus por lo solemne.14 Junto a la tumba de su padre hizo un Juramento.15 El «Juramento» debía jurarse tras la insurrección y antes de la ocupación de Alemania, con el fin de mantener unidos «a los aliados en las ideas de renovación a pesar de las dispersiones que cabía esperar».16

La idea de un manifiesto para aquellos que debían proseguir la lucha después de la probable muerte de los actores principales se encuentra en las obras de Fahrner sobre Arndt y Gneisenau. En 1942 Stauffenberg solía referirse al Gneisenau para sus deberes oficiales.17 En estas dos obras Fahrner declaraba que a principios de marzo de 1812 Napoleón envió sus tropas a invadir Prusia y les impuso un tratado de sumisión que incluía la ocupación de todo el país excepto Silesia, la participación de Prusia en la guerra contra Rusia y el suministro de provisiones al Grande Armée, que marcharía a través de Prusia. El rey Federico Guillermo III firmó el tratado:

        El rey se somete. A Gneisenau se le concede la dimisión que ha pedido repetidas veces; Scharnhorst recibe un permiso indefinido; Clausewitz, Groeben y otros (300 oficiales en total) piden y se les concede su dimisión. Gneisenau y sus amigos sienten que se ha herido el honor sagrado y puesto en peligro el gérmen del crecimiento futuro. Temiendo la propagación de una mentalidad esclava y la consiguiente falsificación de la historia, redactaron sus opiniones en una confesión común secreta, con el fin de que las épocas futuras tuvieran noticia de que, aun cuando ellos muriesen, habían vivido hombres que vieron y sintieron toda la ignominia.18

El 4 de mayo de 1811 Gneisenau escribió al canciller del Estado, el conde Hardenberg, para exponerle el peligro de que los nuevos dominadores del continente, como en tiempos antiguos hicieran los romanos, reprimieran y calumniasen la historia y los hechos de los pueblos enemigos y de que no quedase ninguna constancia de las nobles y magnas acciones que se habían realizado para la defensa de Prusia y en la lucha contra los opresores:

        Por tanto, bueno será que los eruditos de espíritu elevado y otros atentos observadores de la época que hayan escapado al extendido contagio se unan para escribir de consuno lo que pertenece a la historia y guarden sus escritos en lugar seguro. Para realizar esta tarea debería formarse una alianza y cada uno de sus miembros debería aportar lo que conociera de forma fidedigna. Sus conclusiones se imprimirían en varios ejemplares, de modo que resultara imposible a la tiranía destruirlos todos. Ni siquiera la deslealtad de algunos miembros podría detener la actividad de esta unión, y en caso de sufrir persecuciones, ello no haría sino reforzar a los profesadores de esta nueva fe histórica y aumentar su número, así como indignar a la república de los eruditos y crear prosélitos entre las personas con sed de aprender y leer. Knoth ya ha comenzado a reunir a algunos elementos para constituir esta unión. Si esta empresa le parece sospechosa, puede usted utilizar su influencia sobre Knoth y detenerlo. En caso contrario, interpretaré su silencio como señal de aprobación. 19

Knoth era un nombre en clave que Gneisenau utilizaba para referirse a sí mismo cuando quería protegerse de las persecuciones de la policía francesa. El biógrafo de Gneisenau, Georg Heinrich Pertz, afirma que esta idea no dio ningún resultado. En la biografía de Pertz, que fue la fuente utilizada por Fahrner, nada permite apoyar la versión de este último.

El que le encargaran a Fahrner la formulación del «Juramento» se explica por las circunstancias. Claus no tenía ninguna secretaria a quien poder dictar; sus tareas como jefe del Estado Mayor del ejército de reemplazo no le dejaban tiempo y calma suficientes para sentarse y redactar él mismo el texto. Fahrner dijo que Claus no tenía el talento necesario para escribir programas y que no era sistemático.20 Berthold disponía de una secretaria de confianza y unas circunstancias más tranquilas en el trabajo. A ello se sumó la capacidad de Fahrner para «servir», una facultad que describió Thormaelen.21

Pero había en juego motivaciones más profundas. Aunque Fahrner nunca lo haya enunciado de forma explícita, debía de ser consciente del paralelismo entre Arndt-Gneisenau y Fahrner-Stauffenberg. Esta consideración puede parecer poco importante a la vista de que el golpe de Estado fracasó, pero lo que estaba en juego era el control del Estado. Tampoco a Claus debió de pasarle por alto este paralelismo, al contar por dos veces con la ayuda de Fahrner para la formulación de los textos estatales más importantes de la insurrección. Se trataba de los documentos fundacionales de la nueva Alemania. De haber tenido éxito, el golpe de Estado podría haber marcado un hito en la historia.

Las ideas que aparecen en el «Juramento» volvemos a encontrarlas en otros testimonios documentados de las opiniones de Claus y de Alexander. En el primer verso del poema «Abendland I» (Occidente I), que escribió a los dieciséis años, Claus hablaba de la misión occidental de Alemania y la ponía en relación con la idea del imperio cristiano universal de la Edad Media: «Nosotros somos todavía el destino del mundo»; «nosotros»: «los rubios herederos de los Staufer y los Orones». En 1936 escribió que, para el alemán, las cumbres supremas de la cultura siempre tienen un «alcance universal: el imperium sacrum, el humanismo, el clasicismo [alemán]».22

En Alemania estaba extendida la fórmula de la amalgama de lo griego y lo cristiano en el ser germánico. Alexander Stauffenberg la utilizó en la conferencia que leyó en el congreso de historiadores alemanes de 1937, y a partir de ella dedujo que al pueblo germano le estaba reservada una misión histórico-universal.23 El «Juramento» va todavía más allá al afirmar que el pueblo alemán ha creado al hombre occidental. Es este supuesto lo que fundamenta en el «Juramento» la misión occidental de los alemanes.

En el himno «Germanien», Hölderlin describió a Alemania como una sacerdotesa que, «indefensa» -inerme-, aconsejaba «a los reyes y pueblos en derredor».24 Fichte, sin embargo, para alentar a los alemanes a sacudirse el imperialismo napoleónico, les sugirió que poseían una superioridad moral y espiritual respecto de los pueblos que los rodeaban.25 Fichte retomó la vieja idea del imperio romano germánico adaptándola a las necesidades de la época de la ocupación francesa y a su llamamiento a la liberación. Los epígonos de Fichte vulgarizaron la idea del filósofo y la convirtieron en mera idea de poder, lo que encontró un terreno abonado en el espíritu de la época dominante en Europa.26 En cambio Ernst Kantorowicz, en su conferencia sobre «La Alemania secreta», dijo que el «Reich secreto» que George les había enseñado a ver se limitaba a las fronteras alemanas, dentro de las cuales podían surgir «todas las formas y fuerzas genuinamente humanas».27

La misma reivindiación hacía el poema que George escribió en memoria del conde Bernhard von Üxküll en 1918, en una situación comparable a la de 1944 (cuando fue redactado el «Jurarnenro»): «el corazón del continente deberá salvar el mundo...».28 En 1923 Claus Stauffenberg escribió con palabras inequívocas, si bien con escasa pericia poética: «Somos destino del mundo todavía y vivimos / No tenemos que lamentarnos de nosotros mismos».29

El «Juramento» reza: «Sabemos que el alemán tiene potencialidades que lo capacitan para guiar a la comunidad de las naciones occidentales hacia una vida más bella». En el desprecio de la «mentira de la igualdad» y en el respeto «a las jerarquías establecidas por la naturaleza» resuena el eco de «la ciénaga de la fementida fraternidad».30 Los redactores del «Juramento» contraponían la libertad «desenfrenada» y la idea de la igualdad de la Ilustración y de la Revolución Francesa al «orden». La libertad e igualdad universales les parecían inorgánicas, mecánicas, caóticas. Fahrner escribió sobre la «loca insensatez» de la libertad e igualdad francesas.31 Asimismo rechazaban todo el movimiento de 1789 porque había degenerado en vulgaridad, mientras que el movimiento alemán de 1813 fue, a su juicio, profundamente moral y ético.32 Tales valoraciones tenían amplia resonancia en Alemania, sobre todo en el periodo de 1914-1918.33 El poema dedicado al conde Bernhard von Üxküll contenía una parte de las ideas del «Juramento»:

[ ... una generación joven ... que se]
aleja tanto de las cimas de la vana presunción
como de la ciénaga de la fementida fraternidad
el que escupió de sí todo lo caduco, cansado y perezoso
que a partir de sueños y paciencia consagrados
dio a luz al único que ayuda, al hombre
que hace explotar las cadenas barre los lugares en ruinas
el orden· flagela a los perdidos
en el derecho eterno donde lo grande es de nuevo grande
el señor de nuevo señor· la disciplina de nuevo disciplina· él fija
el verdadero símbolo en el estandarte nacional
guía a través a la tormenta y de espantosas señales
de la aurora de su hueste fiel hasta la obra
del día despierto y planta el nuevo imperio.

En una carta de septiembre de 1930 Hofacker escribió de forma parecida: era necesaria la renovación económica, social y espiritual de una nación alemana que se había vuelto materialista y mecanizada; era necesaria

la reforma de nuestra democracia formal importada de Occidente -una democracia que es suicida para nosotros, los alemanes- según el principio alemán, esto es, según aquella ley vital alemana que está en la raíz de todas las grandes realizaciones históricas de nuestra nación (como por ejemplo el imperio medieval, la Orden de los Caballeros, el Estado prusiano del barón Von Stein, el ejército prusiano-alemán, etc.).34

Fahrner subrayó que la expresión referente a las jerarquías establecidas por la naturaleza respondía al deseo expreso de Stauffenberg. También dijo que el rechazo de la idea de la igualdad procedía igualmente de Stauffenberg, si bien la expresión «mentira de la igualdad» era de su propia cosecha.35 En el poema de Alexander Stauffenberg -el cual según Fahrner se basa, además de en el texto original del «Juramento», en algunas declaraciones del propio Fahrner-, ambas ideas, tanto la de las jerarquías establecidas por la naturaleza como la del rechazo de la «mentira de la igualdad», son atribuidas a Claus Stauffenberg.36

Detrás de estas ideas se reconoce la doctrina de George del elitismo y de la Alemania secreta. En un poema de 1923 Claus Stauffenberg se refirió a la «pequeña hueste» de los llamados, los cuales nada tenían en común con la masa y que «se arrodillan fielmente en los escalones del Maestro».37 Ahora querían encontrar «líderes pertenecientes a todas las clases del pueblo» que «aventajen a los demás en espíritu elevado, disciplina y sacrificio». Esta idea procedía de la época de la reforma de Prusia. Las ideas de Stefan George hallan una prefiguración en los discursos de Fichte a la nación alemana. En 1916 George leyó pasajes de los discursos a sus amigos: Fichte quería implantar una completa igualdad en la educación básica «para que las diferencias de cuna no determinasen diferencias de formación», «de modo que la desigualdad de los individuos sólo sea determinada por el talento o por el destino»; las «promociones» debían estar determinadas por los profesores y los exámenes; no se aspiraba a la igualdad, sino que se quería lograr la igualdad de oportunidades de desarrollo.38

En el «Manifiesto del gobierno» esbozado en otoño de 1943 y corregido con Rudolf Fahrner a finales de junio de 1944, Claus Stauffenberg abogaba por una nueva constitución en cuya formación los soldados debían participar «con un peso especial» y que sería «fijada con la aprobación del pueblo», es decir, por votación popular,39 Tras la guerra Fahrner dijo que Claus Stauffenberg y su hermano Berthold se habían declarado faborables a una representación popular sin «partidos políticos tradicionales» y querían instaurar, en cambio, una representación a partir de «comunidades, sectores profesionales y grupos de interés que en el Parlamento defendieran abiertamente sus intereses ellos mismos y no por el camino indirecto del trato con partidos políticos con intereses propios». En aquella época los líderes sindicales Leuschner, Jacob Kaiser y Habermann estaban de acuerdo en que no debía restaurarse el anterior sistema de partidos, sino que en todo caso debía constituirse un único partido a partir de una selección de todas las fuerzas con conciencia política.40

El «Juramento» no es un documento constituyente: contiene un listado de las ideas básicas que deben fundamentar un futuro duradero, pero no el mecanismo que permita su realización. En los esbozos para los manifiestos del gobierno, Claus y Berthold Stauffenberg abogaban por la restauración de los derechos civiles constitucionales abolidos por Hitler en 1933 y por una votación popular sobre una nueva constitución. En el «Juramento» se habla de los principios fundamentales por los que debería regirse la vida después de la liberación de la tiranía y de la restauración del derecho y la libertad. Por eso no se hace referencia al pasado.

Según Fichte, el coaccionador [Zwingherr o Zwinger] podía «asumir sobre su conciencia» la coacción de las personas y justificarla como educación encaminada a la comprensión de la finalidad de la sociedad y del imperio, esto es, posibilitar a los seres humanos una existencia humana. «Este coaccionador, por lo tanto, sólo puede ser la persona más sabia, o aquella a la que todas deban considerar la más sabia. Sólo por esta razón puede tener derecho a ejercer el poder. [ ... ] Nadie posee un poder externo a la razón. La suprema razón, por lo tanto, tiene el derecho a coaccionar a todos para que obedezcan su conocimiento. Mas ¿quién es la suprema razón, quién tiene derecho a dirimir sobre esta cuestión? Precisamente aquí se produce la contienda. Esta contienda sólo se puede resolver mediante el acercamiento gradual de la situción actual a la situación que debe ser. La tarea se convierte aquí en una tarea histórico-práctica [ ... ]». Así pues, cada cual debe reconocer que el «coaccionador» ha de ser «aquel que se encuentra en la cima del conocimiento de su época y de su pueblo».41

Fichte no dio a esta cuestión la respuesta de la «democracia», lo que no es de extrañar. Tanto en la antigua Atenas como en Inglaterra se podía hablar de un «dominio del pueblo» sólo en la medida en que el «pueblo» quedase restringido a la clase privilegiada de los ciudadanos con plenos derechos, cuyos miembros o bien ocupaban ellos mismos el Parlamento o bien mandaban allí a sus representantes. En Francia, el «dominio del pueblo» significó primero la instrumentalización de las masas carentes de organización para fines revolucionarios y finalmente fue sinónimo de terror, hasta que el «dominio del pueblo» sucumbió en manos del tirano Napoleón.

La suposición de que en cada época hay una razón superior cuyo poseedor, una vez identificado, sería el dominador natural es una ficción. Puede ser que en alguna época exista tal dominador natural, y es posible que en alguna época se lo encuentre. Pero cuando no se puede encontrar, ya sea porque no exista o porque no descolle, la sociedad debe contentarse con mediocres. En tal caso quizá necesite un administrador competente para cada tarea distinta (economía, política exterior, interior, comunicaciones), y todos estos administradores juntos pueden formar un gobierno con un presidente cuya principal capacidad consistirá en dirigir el trabajo conjunto. El gobierno debe ocuparse de los intereses de todas las personas que viven en la sociedad. Aquí se vuelve ineludible la pregunta sobre cómo debe formarse un tal gobierno. Si se considera a los habitantes adultos como «mayores de edad», entonces se les debe preguntar por sus intereses. El principio de representación que regula estas consultas da lugar a la mayoría y a la infrarrepresentación, que sólo se puede equilibrar si en las próximas elecciones los partidos minoritarios hacen suyos, además de los intereses de sus partidarios originarios, también los intereses de otros grupos infrarrepresentados o descontentos y consiguen llegar al gobierno.

Arndt, Fahrner y Stauffenberg ni siquiera aluden a la pregunta fundamental de Fichte. Para Arndt, el verdadero Estado no consiste en constituciones e instituciones estatales, sino en una «ordenación vital», en un orden viviente que describe como «milagro de la vida, creación alta y divina, sólo comparable con las creaciones artísticas: una “forma”».42 De joven, Arndt aprendió el secreto de la forma contemplando los árboles.43 La forma del Estado, según Arndt, no puede ser pensada ni construida, sino que debe «formarse en un lento proceso de germinación y crecimiento, en el amor y el odio, en la discordia y la armonía; se percibe en esta forma lo oscuro y lo místico del engendramiento».44

Según Arndt, los dominadores (los dirigentes procedentes de todas las clases sociales) vienen solos; «la multitud», el pueblo, siempre ciego, tornadizo, contingente, elemental, busca «a sus líderes en los hombres lúcidos, inteligentes, astutos»; es «la fuerza inconsciente, elemental que busca su forma, y tal como lo permitan la época y Dios, encuentra sus buenos y malos espíritus». La pregunta sobre cómo debe encontrarse la voluntad del pueblo, sus pensamientos e ideas, para Arndt sólo es una frase hecha: «Oh, estas preguntas y frases hechas. ¡Tened cuidado allí donde relampaguea! A menudo refulgen en el pueblo unos relámpagos muy brillantes».45

Según la descripción de Fahrner, Gneisenau sólo fue un poco más concreto. Gneisenau coincidió con Stein en la idea de abolir la vieja nobleza y «fundar la nobleza del nuevo Estado con aquellas personas que la hayan conquistado en la lucha contra Napoleón». Esperaba que el rey gobernara el país pero, tras amargas experiencias, en 1812 constató que había caído una maldición sobre todos estos hijos de príncipes; se remitió a un comentario que le hizo el archiduque Karl en el sentido de que el mundo sólo podía ser salvado por un hombre que no perteneciera al estamento real.46

Un fiel servidor del rey de Prusia no podía plantearse la cuestión del jefe del gobierno. Sin embargo, pese a la descripción que hace de él Fahrner en su libro sobre Arndt, Gneisenau, en sus propuestas de constitución, contestó a la pregunta de la búsqueda de los dirigentes con la respuesta del sistema representativo.47

En su libro sobre Arndt, Fahrner no se ocupó de Fichte, a pesar de que éste fue el maestro más importante de Arndt, quien lo consideraba «el auténtico philosophus teutonicus, como a Stein el heros teutonicus».48 Desde su época de escolar Fahrner, según propia confesión, «apenas» se había ocupado de Fichte. Fahrner mostró incomprensión por la pregunta de Fichte y su relación con las ideas expuestas en el «Juramento». 49

Fue, no obstante, por otras razones que Claus Stauffenberg no se planteó la cuestión de quién debía ser el «coaccionador» o líder. Puesto que, al igual que Gneisenau, reivindicaba la dirección de la nación para el cuerpo de oficiales, con ello resolvía la cuestión de los dirigentes.50 La jerarquía militar se basaba en reglas de conducta y se renovaba constantemente a sí misma; se basaba en requisitos de rendimiento determinados, en valoraciones objetivas. Quien no estaba capacitado para convertirse en coronel seguía siendo capitán o comandante. El jefe supremo, que en definitiva decidía quién debía ocupar los puestos más altos, era la persona que demostraba ser más capaz, en el caso concreto el coronel general Beck, que por consiguiente estaba previsto que se convirtiera en el jefe de Estado.

El «Juramento» no es un proyecto de política práctica, sino la redacción de un ideal en su sentido originario, de una imagen interior. También muestra la sombra del desconocimiento sobre el funcionamiento de la sociedad futura. Stauffenberg no se preocupó de ello a sabiendas: en primer lugar y ante todo quería crear unas condiciones nuevas.51 Había una contradicción entre su retracción como militar y su participación en las consideraciones políticas, participación a la que no podía renunciar tanto por su carácter como por la desconfianza que le inspiraban los reaccionarios.

El «Juramento» sólo se dirigía a unas pocas personas que simpatizaban con las ideas allí expresadas. Berthold Stauffenberg y Rudolf Fahrner participaron en su redacción, Schulenburg y Bussche (y probablemente también Yorck) supieron de su existencia. Para Stauffenberg era muy importante que sus opiniones lo sobrevivieran. No podía tener mucha confianza en sobrevivir él mismo. Al pedir a Fahrner que fuera a Berlín para que redactase los esbozos de los llamamientos, también hizo un último esfuerzo para mantener unido el círculo del «Maestro» y para conservar el legado de éste y el suyo propio.


STAUFFENBERG, La biografía del hombre que atentó contra Hitler de Peter Hoffmann.
© de la traducción: Marc Jiménez Buzzi y Hans-Eggert Siebken.
© Ediciones Destino | Calección imago mundi Volumene 157