Comentarios a la traducción Der Preussenhimmel

Una traducción de Kurt Tucholsky
por Marc Jiménez Buzzi

En esta sátira, Tucholsky denuncia la injusticia que se cometió al indultar al asesino del ministro Eisner cuando tan sólo había cumplido un mes de su condena a cadena perpetua. Al ser este su tema principal, es el representante en este trabajo de la sátira contra el sistema judicial de la República de Weimar. Pero en este texto aparecen también elementos de la crítica al militarismo y de la crítica al lenguaje, y es por ello una muestra de la habilidad con que Tucholsky sintetizaba en un solo espíritu las distintas instituciones que trata de combatir con su sátira.

En una buena traducción de “Der Preussenhimmel” no han de perderse las alusiones satíricas a los militares. Por eso traduzco, en la primera acotación, “ante un ejército de ángeles” (“vor einer Engelsfront”); y a continuación, “Brust raus” (literalmente: “pecho fuera”) por “Firmes”. Con esto era mi objetivo adaptar la jerga militar alemana a la que utilizan los militares españoles. “Ar” es nuestra onomatopeya militar por excelencia, equivalente al “kitt” alemán. “Rompan filas”, “ángeles rasos” o “listos para la instrucción” son otras expresiones que aluden a la jerga militar.

Di con un complicado problema de traducción en la acotación “(sprich Bau)”. El ejército de ángeles, “todos a coro” (mejor que “en una sílaba”, traducción literal de “in einer Silbe”), desea los buenos días al Dios Bendito, y el narrador nos dice entre paréntesis que los ángeles, en lugar de “Dios Bendito”, para sus adentros se refieren a su mando como “Bau”. En jerga militar, “Bau” significa “cárcel” o “arresto”, y en el texto funciona como metonimia peyorativa de la autoridad de Dios. Al ver a Dios, sus ángeles piensan en la cárcel a la que éste presumiblemente les castiga haciendo abuso de su arbitraria autoridad. No he traducido “Bau” por cárcel porque se necesitaba una palabra que tuviera un referente humano. Y carcelero es una palabra demasiado larga para su contexto y tiene un significado demasiado concreto y a la vez ambiguo por los significados añadidos que han resultado de los posos de la historia de este vocablo. Mi opción es “general”. Es más explícita y directa en su alusión a la metáfora de “cielo” por “ejército” que subyace en esta sátira que el “Bau” del original, pero así al menos queda claro para el lector de la traducción. Además con “general”, la divergencia entre la palabra y el pensamiento de los ángeles se hace más patente que con “cárcel” o “carcelero”.

Relacionado con el tema de las alusiones al militarismo, en la última intervención de Der lieber Gott de la página 38, la palabra alemana “Zug” presenta un problema de traducción dada su anfibología semántica. En la frase “is doch ‘n janz anderer Zug im Himmel”, “Zug” tiene un significado parecido al de “Spannung” (“tensión”), “Bewegung” (“movimiento”) o “Schwung” (“empuje”). Pero conserva el matiz de otro de sus significados: “unidad militar”. Mi opción es “ritmo”, palabra castellana que aquí funciona perfectamente al encajar en la anfibología de “Zug”. Por una parte, significa “movimiento”, “tensión”, el significado principal de “Zug” en este contexto; pero además también conserva el matiz militar, al ser un eco del ritmo de la marcha militar. El énfasis del intensificativo “ganz” del original lo he reproducido en una construcción que empieza por “todo”: “Todo va a otro ritmo en el cielo”.

Por la variedad de significados que comporta, “ordentlich”, en la última intervención del Dios bendito, presenta una problemática parecida a la de “Zug”. En el diccionario Wahrig se dan cita los siguiente significados de “ordentlich” cuando tiene a una persona como referente: “ordnungsliebend; anständig; rechtschaffend” (“amante del orden”, “decente”, “justo”); “ordnungsgemäβ” (“regular”, “ordinario”); “genau, sorgfaltig” (“metódico”, “sistemático”, “exacto”); y “tüchtig, kräftig” (“competente, capaz”). Y en el diccionario bilingüe alemán-castellano Slaby, puede encontrarse todavía otro significado: “ehrbar” (“honrado”, “muy respetable”).

Todos los significados de este adjetivo tienen en común que hacen referencia a valores. Estos valores no son absolutos, universales: no “significan” lo mismo para todo el mundo. Aquí Dios aplica el adjetivo “ordentlich” al Conde Arco-Valley, un hombre que mató por la espalda a Kurt Eisner. Y en boca del Dios bendito, este adjetivo, intensificado por el adverbio “kolossal”, es lo mejor que puede decirse de una persona. Decir que alguien, desde nuestro punto de vista, es “ordentlich”, es decir que se ajusta a nuestra concepción personal de unos valores tan lábiles como “honorabilidad”, “habilidad”, “exactitud”, “decencia” o “justicia”; es decir que alguien se adapta a nuestro “orden” de cosas, a nuestra visión del mundo. Arco-Valley es, según el Dios Bendito, una persona que encaja a la perfección en el “orden” militarista y en el espíritu de ciega obediencia a un “orden” característicos del talante belicoso de la antigua Prusia. Matando a Eisner, ha cumplido una “orden”, este asesinato se ajusta al buen “orden”. Arco-Valley es “amante del orden”, “decente”, “justo”, “metódico”, “competente” y “honrado”. Es “como Dios manda”. Pero sobre todo es obediente (“como Dios manda”). Con esta mi traducción se da respuesta a la anfibología de “ordentlich”, que no cabe en ninguna de las traducciones parciales de este adjetivo propuestas por el diccionario. Además, la ironía que encierra esta expresión dicha por Dios es equivalente al adverbio “kolossal”. Y el golpe satírico de “como Dios manda” es especialmente efectivo teniendo en cuenta el momento de su aparición: en la última intervención de Dios y justo antes de la sorprendente “epifanía” (léase “desenmascaramiento”) que resulta de la sentenciosa intervención de la clase obrera alemana.

La crítica al lenguaje está en este texto al servicio de la crítica al militarismo. Con la transcripción de algunas de las violaciones de la fonética alemana en las que solían incurrir los militares prusianos, se logra caracterizar y desenmascarar a Dios y a San Pedro. Por ejemplo, Tucholsky escribe: “Mojn” (“Morgen”), “wern” (“werden”), “vastanden” (“verstanden”) o “eijentlich” (“eigentlich”). Huelga decir que es fundamental que la traducción recoja este habla “irregular”. Algunas de las palabras que los personajes de esta sátira pronuncian mal tienen un equivalente en castellano que no se adapta a una mala pronunciación. Pero no es esencial que los defectos de habla en la traducción castellana tengan lugar en las mismas palabras en que esto pasa en el original. Se trata de que estos errores se vayan produciendo a lo largo del texto, en aquellas palabras castellanas que mejor se adapten a ello, de tal modo que el lector de la traducción aprecie el carácter cómico de estas transgresiones y asuma su función satírica (léase “desenmasacaradora”). Algunas de las palabras que he escrito “mal” son “bondá”, “marsial”, “nojque” y “perdío”.

Si estas transgresiones de la fonética pueden apreciarse en esta sátira, es porque este texto es hablado: se da lugar a la voz directa de los personajes. Los errores de pronunciación son una marca de oralidad. También lo son algunas expresiones con carácter formulaico, eminentemente conversacionales, casi fáticas. Más que traducirlas literalmente, habrá que hacer por reproducir su función discursiva; habrá que recurrir a la fórmula castellana equivalente a la del original. En este caso las unidades de traducción no son las palabras sino los actos ilocutivos y perlocutivos de las oraciones. Por ejemplo: “Cuando quiera, San Pedro” por “Bitte Petrus”; “¿Qué se te ofrece?” por “Was willst du hier?”; “Prosiga San Pedro” por “Weiter, Petrus”; o “¿Y qué me dise, Herr Baron, fue un trabajo duro?” por “Schwere Arbeit jewesen, Herr Baron?”.

Por último, cabe comentar los problemas de traducción que plantean en este texto la puntuación y los paréntesis. Algunos de los signos de admiración no los he escrito en la traducción. Por poco que ha sido posible los he mantenido (ya que es un importante símbolo gráfico del autoritarismo “chusquero” de los oficiales); pero en algunos casos me ha parecido que en la traducción quedaba excesivo, sobre todo teniendo en cuenta que en castellano el signo “¡” ha de anteponerse a toda oración imperativa.

Los paréntesis sirven en los textos dramáticos para enmarcar las acotaciones del narrador. Va entre paréntesis aquello que no dice ninguno de los personajes en escena y que sirve para describirlos “desde fuera”, o para mostrar sus movimientos en el espacio. En el original, se hace un uso extraño de los paréntesis. El nombre del personaje, sujeto de la oración acotada, queda fuera del paréntesis. Yo he optado por incluir el sujeto de la oración dentro del paréntesis, pues éste es el procedimiento habitual de los textos dramáticos en castellano. Por ejemplo: “(El trabajador se va en silencio)” o “(El solicitante alza la mano derecha. Puede verse una mancha de sangre)”.

© Marc Jiménez Buzzi