Filiación (a-) política de Kurt Tucholsky
Una traducción de Kurt Tucholsky
Marc Jiménez Buzzi

Kurt Tucholsky compartía con los miembros de la Neue Sachlichkeit los mismos enemigos y el objetivo de denunciar y desenmascarar las mentiras rampantes que trabajaban por minar desde su seno la democracia de la República de Weimar. Como ellos, además, tenía consciencia de dirigirse, en sus artículos publicados en la Weltbühne, a un amplio público eminentemente proletario; y como ellos, por fin, simpatizaba con las directrices de la doctrina socialista. Aunque de origen burgués, Tucholsky vuelve de la Primera Guerra Mundial pacifista y socialista convencido (Schulz, 1959: pág 56). Intuye que en la Revolución Rusa de 1917 hay algo grande y nuevo. Durante y después de la Revolución de Noviembre, Tucholsky libra su lucha como republicano demócrata, y llega a afiliarse al USPD (Partido Socialista Unificado Alemán). Pero pronto descubre que las fuerzas socialdemócratas vencedoras en las primeras elecciones no tienen la capacidad para afianzar la democracia en el marco político ni para resolver en una dirección acorde con la doctrina socialista los problemas económicos del momento, los cuales terminarían siendo una de las causas principales de la crisis de la República.

En aquellos años el capitalismo se fue convirtiendo para Tucholsky en el enemigo número uno. Y él fue acercándose ideológicamente al KPD, que por aquel entonces era el partido que contaba con un mayor número de afiliados (más que el Partido Socialista y que el Partido Nacional), y que era el aglutinador de todos los afanes por terminar con todo lo “viejo y tronado” y construir un mundo mejor. Sin embargo, su acercamiento a la doctrina comunista fue en negativo: coincidía con los comunistas en su anti-capitalismo; pero no podía seguir a Marx en el análisis monolítico de la realidad a partir de la dialéctica de la lucha de clases. En la visión del mundo de Tucholsky siempre hubo en juego diversos factores, como por ejemplo la teoría freudiana.

Además, su filiación total al KPD se vio igualmente impedida por su personalidad refractaria e inconformista, la cual no podía acomodarse a la disciplina de un partido como el comunista; así como por un escepticismo que lo guardó en todo momento de acomodarse a cualquier verdad de tipo dogmático. “Leben ist Aussuchen” (“La vida es escoger”) fue la máxima vital de Tucholsky y sirve perfectamente para resumir su talante inconformista. Los mismos comunistas sabían que no podían contar a Tucholsky como uno de los suyos (Sculz, 1959: pág. 110). Lo enarbolaban como ejemplo intelectual y lo llamaban “Lehrer” (maestro) o “großen Freund der Arbeiterklasse” (“gran amigo de la clase obrera”); pero nunca se hicieron ilusiones de cara a reducir su carácter liberal e independiente. Walther Victor, que había sido amigo personal de Tucholsky, en la primera biografía del autor (publicada en 1952 en la República Democrática Alemana) lo definió como un “fortschrittenden bürgerlichen Intellektuellen” (un intelectual afín a la burguesía progresista), aunque añadía con razón: “aber das Wesen des proletarischen Klassenkampfes, die grandiose Tatsache der Sowjetunion blieben ihm fremd” (“pero la realidad de la lucha proletaria y los grandiosos logros de la Unión Soviética le fueron siempre ajenos”).

Tucholsky consideraba que el escritor no del todo empleado y comprometido (“nicht fest angestellter Schrifsteller”) con una única tendencia partidista es un elemento esencial para el desarrollo de la cultura:

“Der Schrifsteller außerhalb der Partei und außerhalb eines Pressekonzerns ist, in Gegensatz zu diesen Institutionen, erst der rechte und wahre Förderer der Kultur. Er und nur er kann, unbeschwert von allen Rücksichten und ohne Manöver des Taktes, das sagen, was zu sagen so oft bitter not tut. Er und nur er hat, wenn er ein rechter Kerl ist, keinen zu fürchten.” (Citado por Schulz, 1959: pág. 106)

(“El escritor que está al margen de cualquier partido político y órgano de prensa es, al contrario de esas instituciones, el verdadero fomentador de la cultura. Él y sólo él puede, por no tener que rendir ninguna deferencia ni transigir a las maniobras del tacto, decir aquello que ha de decirse a veces con tanta urgencia. Él es el único, si es un tipo recto, que no ha de temer a nadie”)

 

 

 

 

 

 

 

© Marc Jiménez Buzzi