El cielo de los prusianos
Introducción a la traducción, texto original y defensa de la traducción
San Pedro (ante un ejército de ángeles): Cabo de la fila derecha, ¡firmes! ¡Vaya una alineación, esto clama al cielo! ¡Las aureolas bien altas! El segundo ángel, ¡que retroceda un poco! Así, un poco más. ¡Alto! ¡Por todos los santos! ¡No me muevan las alas! Toda la unidad, ¡ar! Toda la unidad, ¡ar! (El Dios Bendito entra por la derecha) San Pedro: ¡Atención! ¡Miren... a la derecha! (Agitación) Su San Pedro, dos ángeles primeros y ochenta y siete ángeles rasos listos para la instrucción. El Dios Bendito: ¡Gracias! ¡Bueno día gente! Los ángeles (todos a coro): ¡Buenos días, Dios Bendito! (léase “general”) El Dios Bendito: ¿Qué, querido San Pedro? ¿Nada nuevo? San Pedro: ¡Nada, Excelencia! El Dios Bendito: Tiene buen aspecto, esta gente. ¿Os dan el sueldo puntualmente? La unidad: ¡A sus órdenes, Dios Bendito! El Dios Bendito (a San Pedro): ¡Que se retiren! San Pedro: ¡Rompan filas! (La unidad se va) El Dios Bendito: ¡Acompáñeme a la cancillería, mi querido San Pedro! Vamos a examinar a los solicitantes. San Pedro: ¡A sus órdenes, Excelencia! (En la oficina de ingreso) Un trabajador (la chaqueta sucia y rasgada. Rostro molido. Manos molidas. Paso ranqueante. Se pone firme a duras penas cuando ve al Dios Bendito): ¡Buenos días! San Pedro: ¡Tenga la bondá de esperar a que le pregunten! ¡Y adopte un porte más marsial, comprendido! ¡Que no está usted en la oficina de su partido socialdemócrata! ¿Nombre? El trabajador: ¡Pettenkofer! San Pedro: Yo soy su sargento. ¿Nombre? El trabajador: Pettenkofer. San Pedro: ¡Pettenkofer, mi sargento, se dice, cerdo alelado! ¿Cómo se dice? El trabajador: Pettenkofer, mi sarg... ay, perdone usted, ¿no me habré confundido? ¿Estoy de verdad en el cielo? San Pedro: ¡Cierre el pico cuando hable conmigo! ¿Qué se te ofrece? El trabajador: Me asesinaron en Marburg. Mi cuerpo cayó en la cuneta. Los estudiantes me dispararon. Mi muerte no se ha castigado. El Dios Bendito (alzándose en toda su grandeza, talla reglamentaria): ¡Váyase de aquí! ¡Pero qué se ha creído! ¿Acaso cree que esto es un nido de comunistas? Si vienen los buenos marburgueses, a ellos les admitiremos. ¡A usted no! ¡Fuera! ¡Váyase al diablo! (El trabajador se va en silencio) El Dios Bendito (desde dentro): ¡Pero qué se cree toda esa gente! Alemania está todavía debajo de mi cielo, y mi cielo encima de Alemania. San Pedro: ¡A sus órdenes, Excelencia! El trabajador (desde fuera): No falla, lo mismo que pasa abajo, todo pasa igual aquí arriba. ¿El infierno? Yo he sido soldado durante cuatro años. El Dios Bendito (desde dentro): Sabusté, en el cielo todo va a otro ritmo desde que Willem me nombró Dios Bendito de Prusia. Los altos aliados de allá arriba, él siempre decía... Lástima que haya perdido la guerra. Estaría todo tan bien organizado... De hecho, nojque haya perdío... Es que los otros han ganao. ¡San Pedro! San Pedro: ¿Excelencia? El Dios Bendito: ¿Alguien más? San Pedro: Ahora mismo podrá usted inspeccionarlo, Excelencia. (Abre una puerta) ¿El solicitante? Una voz: Sí. San Pedro: ¡Entra! (El solicitante, uniforme de teniente prusiano. Al cruzar el umbral, hace chocar los talones con tanta fuerza, que tiembla la cal de las paredes) El Dios Bendito: Cuando quiera, San Pedro San Pedro: ¿Nombre? El solicitante: Arco-Valley San Pedro: ¿Profesión? El solicitante: Héroe nacional de Baviera. San Pedro: ¿Su última dirección? El solicitante: Según informe policial: la prisión de Straubing. Condena a cadena perpetua, de la que cumplí un mes. Lugar de residencia: Munich. He subido hasta aquí en mi avión. San Pedro: ¿Méritos para el cielo? (El solicitante alza la mano derecha. Puede verse una mancha de sangre) El Dios Bendito (interesado): ¿Eh...? El solicitante (con dignidad): Eisner, Excelencia. El Dios Bendito (satisfecho): Bien, bien. Prosiga, San Pedro. San Pedro: Está bien, Herr Baron, ¿pero usted sabe que... aquello de no mata..., Herr Baron, que usted no debe matar? El solicitante (habla acelerada): Hice uso de mi derecho nacional a la legítima defensa, y siguiendo una orden de mi consciencia, eliminé un parásito enemigo de la patria. Cuento con el beneplácito de todos los buenos, por no hablar de la clase de los apoderados. San Pedro: Bien ¿Y qué me dise, Herr Baron, fue un trabajo duro? El solicitante: Le disparé por la espalda, mi sargento. San Pedro (mirada inquisidora al Dios Bendito, que afirma): ¡Aprobado! El solicitante: Se lo agradezco muy humildemente. (Se va) El Dios Bendito: Un hombre como Dios manda. ¡Y no nos van a desarmar, y vamos a conservar nuestro baluarte en el cielo... Y nuestra bandera es negra, blanca y roja... Y cuando tenga aquí conmigo a todos los buenos prusianos y soldados alemanes, entonces estaré contento! San Pedro: ¡Yo también, Excelencia! La clase trabajadora alemana (desde abajo): ¡Nosotros también, Excelencia! ¡Nosotros también! Asunto: Kaspar Hauser. (Kurt Tucholsky, Freie Welt, 1920, Nr. 36, S. 5) |
© de la traducción: Marc Jiménez Buzzi |