Contra los periodistas
Introducción a la traducción de "Presse und Realität"(Prensa y realidad)
Así se expresaba Karl Kraus, cuando, en la Viena de principios de siglo, ya advertía sobre el peligro de los periódicos, y sobre todo de una lectura inocente de los mismos. Y empezar el capítulo con una cita suya no es casualidad ni capricho. Son muchos los elementos de la obra del vienés que encuentran equivalencias en la de Tucholsky. En Kraus ya encontramos el escepticismo, la radicalidad, la mordacidad, la sátira del de Berlín. Sátira que Kraus apunta contra los mismos sectores que luego sobrevivirían también a la palabra de Tucholsky, sorteándola y condenándola al silencio que tuvo que guardar, ya exiliado, en los últimos años de su vida. Además, también se encuentran coincidencias en las actividades de ambos: escritura compulsiva de artículos de prensa muy sui generis, dirigidos igualmente al público intelectual y al proletario, y publicados en “pequeños” periódicos independientes. Los de Kraus en Die Fackel (La antorcha), de la cual fue el fundador y único empleado; los de Tucholsky en la Weltbühne. Pero lo que más los acerca es su afán por descubrir la verdad, por denunciar los elementos falaces de sus respectivas sociedades. Como dejó escrito Walter Benjamin (1974: pág. 355) en su famoso ensayo sobre Karl Kraus: “Die Entlarvung des Unechten ist es, aus der dieser Kampf gegen die Presse entstand” (El desenmascaramiento de lo falaz es el objetivo esencial de esa lucha contra la prensa). Más adelante en este ensayo de Benjamin (pág. 362) se encuentra un fragmento muy esclarecedor en el que se explica la motivación última de Kraus en su crítica a la prensa, y que cito a continuación porque puede aplicarse igualmente a la de Tucholsky:
Tucholsky, como Kraus, ve en la prensa una peligrosa ficción, una tendenciosa forma de maquillar la realidad con los colores del partido que paga a cada periódico y se esconde detrás de él. En estos tiempos nuestros, que son los de los reality shows y las “guerras televisivas”, uno ya le ha visto las orejas al lobo y ha aprendido a desconfiar del llamado “cuarto poder”. En los de Kraus y Tucholsky, este nuevo poder se estaba afianzando furiosamente, al ritmo de los encarnizados conflictos ideológicos y partidistas del momento histórico. Entonces resultaba higiénico, aunque un pobre consuelo, contar con las sátiras y críticas de a diario de estos dos grandes independientes, que arremetían contra sus colegas de oficio, los de los periódicos “grandes” y la “verdad” oficial. La verdad es que eran insondables las tinieblas de mentiras que se cernían entorno de los periódicos berlineses en la República de Weimar, acorde con las antitéticas tendencias que allí tenían que convivir y que sólo lo hacían mal que bien. La Vossische Zeitung, el Berliner Tageblatt y la Deutsche Allgemeine Zeitung, gozaban, por su calidad, por su influencia sobre los lectores y sobre los políticos y por la importancia de sus opiniones fuera de las fronteras alemanas, de un puesto privilegiado en el variopinto panorama de los periódicos berlineses. El resto era propaganda (Xammar, 1998). Las fuerzas conservadoras tenían en Berlín cuatro diarios bajo su dominio, más un periódico —Der Tag— que era conservador por razones de política industrial. Cinco diarios en total: la Neue Preussische Zeitung (antigua Kreuz Zeitung), la Deutsche Tageszeitung, el Deutsche Tageblatt y el Tag. El monarquismo era el vínculo común entre todos estos periódicos. Luego, cada uno representaba a una cosa distinta: el “Tag” representaba los intereses de la editorial Scherl, réplica conservadora y monárquica de la editorial Ullstein, republicana y con tendencia a desviarse hacia la izquierda; el Deutsche Tageblatt, al Partido Popular Alemán; la Deutsche Zeitung tenía la mayoría de sus lectores entre los funcionarios adictos al antiguo régimen y el personal universitario; la Deutsche Tageszeitung era el órgano oficial de la Liga Agraria; y la Kreuz Zeitung, como su nombre indica, era el guía espiritual de todos los oficiales del viejo ejército monárquico y de la mayoría de los oficiales del ejército “republicano”. El nivel intelectual de toda esta prensa era deplorable. No puede decirse que el nivel de la prensa de izquierdas fuera, por su calidad en la materia y en el espíritu, una compensación de la pobreza de los periódicos de la derecha. El Vorwärts representaba los intereses de la socialdemocracia. Contaba con algunos buenos escritores, como Hilferding o Breitscheid, pero en líneas generales tenía un aire pesado y doctrinario. La Rote Fahne, órgano oficial del Partido Comunista, no era más que su nombre: una bandera teñida de color rojo. La prensa que representaba a los partidos del centro ofrecía el mismo nivel de mediocridad y vulgaridad que los de a su derecha e izquierda. Germania era un lujo del Partido Católico, interesado por razones políticas en tener un periódico en Berlín, pero ya no tenía la importancia de que había gozado en tiempos de la cancillería. La Zeit era el órgano del Partido Popular y de la gran industria, muy íntimamente relacionado con el doctor Becker, ministro de Economía en los tiempos de la coalición socialdemácrata (y de las sátiras de Tucholsky). No obstante, su tono tenía un acento tan de derechas como el de los periódicos monárquicos. Por último, la Welt am Montag era el reconocido portavoz de la tendencia más radicalmente republicana y pacifista dentro de la democracia burguesa de Alemania. La clientela popular de Berlín se la disputaban dos periódicos: la Morgen Post, de la editorial Ullstein, y el Lokal Anzeiger, de la editorial Scherl. Eran dos periódicos de los de subscribirse; prácticamente no había ni una familia en toda la ciudad que no lo hubiera hecho a favor de uno o del otro. Técnicamente eran gemelos; políticamente, dos enemigos irreconciliables. El Lokal Anzeiger era monárquico y nacionalista; la tendencia del Morgen Post, en cambio, era republicana, democrática y aun compatible con el socialismo más moderado. En tiempo del imperio, el Lokal Anzeiger había sido el órgano popular oficioso de la casa real y del gran estado mayor, lo que le permitió, a finales de julio de 1914, realizar el milagro mediático de publicar la noticia de la movilización rusa veinticuatro horas antes de que se produjera. La crítica de Tucholsky a sus compañeros de profesión es constante e impiadosa. Por su claridad en la exposición y lo explícito de su denuncia, en este trabajo se ha escogido Presse und Realität (Prensa y realidad) como ejemplo de artículo crítico cuyo objeto es la corrupción y la tendenciosidad en el periodismo (Gesammelte Werke, Bd. 3). El primer párrafo de este texto no deja lugar a dudas. En este caso, para dar respuesta a la urgencia de la cuestión, Tucholsky no echa mano de la oblicuidad de la sátira, sino que escoge el golpe directo de la sentenciosidad irrefutable.
Aquí, el descubrimiento de la verdad —o, mejor, de la mentira— no podría ser más eficaz. La primera frase, en subjuntivo, expone una creencia, que luego se verá es una creencia que interesa. La segunda frase (“Pero esto no es así”), negativa, seca, indicativa y corta, desenmascara la ficción. En efecto —y esto se dice en la siguiente frase—, la ficción sobre la realidad, esto es, la noticia de prensa, lejos de reflejar un acontecimiento tal como éste haya sucedido, se impone sobre la verdad de los hechos. Aquí observamos una técnica de la sátira, cuando se personaliza a la realidad mediante verbos aquí metafóricos (por personalizadores) como “esforzarse” o “presentarse”. Pero la última frase recoge el tono sentencioso de todo el párrafo y sentencia: “El periodismo es el tejido de mentiras más complejo que jamás se haya inventado”. Todo el artículo lo constituye una retahíla de ejemplos que prueban lo expuesto al principio. No queda ninguna duda respecto de la tendenciosidad de la prensa alemana. Y esto es lo que denuncia Tucholsky. Pero lo que realmente quiere combatir es ese equívoco consistente en identificar unívocamente, por parte de los lectores, un artículo de prensa con el suceso al que aquél hace una referencia, en verdad, bien matizada. Por eso llega a decir que lo mejor fuera que los casos de corrupción fueran más claros y rampantes, con tal de que disminuyera la fe ciega que la opinión pública deposita en los periódicos. Se quiere que el lector tenga valor (aquí volvemos a la famosa interpelación de Kant) para reconocer una verdad propia, la que le dicte su propia razón, fuera de los periódicos y en una buena lectura de ellos, entre líneas y con conocimiento de causa; una verdad personal que no claudique ante la autoridad de ficción alguna o versión de los hechos ajena y tendenciosa. Se descubre la máscara de la mentira: “El razonamiento de que una noticia ‘está en los periódicos’ y de que por ello es verídica es un razonamiento falso”. Se puede dar fin a este capítulo con un aforismo de Karl Kraus incluido en un libro que lleva su mismo título (Contra los periodistas, pág. 57) y que resume con brillantez la crítica realizada por Tucholsky lo mismo en el artículo “Prensa y realidad” que en el grueso de toda su obra: “La distorsión de la realidad en el informe es el informe verídico de la realidad.” |
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