Contra los militares
Introducción a la traducción de “Vor acht Jahren” (“Hace ocho años”)
Bajo el título de “Krieg dem Kriege” (“Guerra a la guerra”), en un poema publicado en 1919 (citado por Arnold, 1972: pág. 55) Tucholsky advertía de forma profética acerca del advenimiento de una nueva guerra. “Und nach abermals zwanzig Jahren/ Kommen neue Kanonen gefahren” (“Y dentro de veinte años/ vendrán nuevos cañones.”). Efectivamente, al cabo de veinte años empezaría, con el ataque de Alemania sobre Polonia, la Segunda Guerra Mundial. Tucholsky había participado en la Primera Guerra Mundial como oficial menor, destinado al norte del frente oriental (Schulz, 1959: pág. 44), y presenció con sus propios ojos las atrocidades y crueldades perpetradas por los estados contingentes; fue testigo de cómo los pueblos europeos se masacraban unos a otros ebrios de patriotismo, dando rienda suelta a las pasiones más bajas. En una carta dirigida a su padre y escrita desde el frente, Tucholsky describe en los siguientes términos el infierno cotidiano del campo de batalla:
Tucholsky pronto cayó en la cuenta de que el desmoronamiento absoluto del régimen imperial no iba a traer consigo cambios esenciales en el terreno político —“Ringsum demokratisierte sich eine Welt. Alt-Preussen blieb”. (“Todo el mundo alrededor se democratizaba. La vieja Prusia no cambió.”)—, y que la Revolución del Nueve de Noviembre no había sido tal cosa (“Die Revolution vom neunten November war keine”); y como constatara que “die Entwicklung des deutschen Militarismus ist nicht als abgeschlossen zu betrachten” (“el desarrollo del militarismo alemán no puede darse por terminado”), trató de luchar con todos los medios literarios a su alcance contra una nueva guerra, ilustrando y advirtiendo a sus lectores. Sobre todo en la Weltbühne, aunque también en otros medios de la República de Weimar, Tucholsky publicó una serie de artículos, ensayos y poemas que, teniendo como objeto esencial de crítica el espíritu militarista, se bifurcaban temáticamente en diversos aspectos de éste: entre otros, la guerra como negocio, los curas del frente, los oficiales, los generales o Wilhelm II. Todos estos aspectos se dan cita en “Vor acht Jahren” (“Hace ocho años), el artículo que en este trabajo representa la crítica antimilitarista de Tucholsky (Gesammelte Werke, Bd. 3). Para Tucholsky, la Gran Guerra tuvo unas causas políticas y económicas muy concretas. En “Hace ocho años” se nos dice: “Dieser Krieg war die natürliche Folge des kapitalistischen Weltsystems” (“Esta guerra fue la consecuencia natural del sistema capitalista.”). O en otro artículo (Drei Minuten Gehör: 259): “Da kämpften sie, Brust an Brust; Proletarier gegen Proletarier, Klassengenossen gegen Klassengenossen, Handwerker gegen Handwerker.” (“Allí luchaban, a pecho descubierto; proletarios contra proletarios, hombres de la misma clase social enfrentados, obreros contra obreros”). En este punto Tucholsky comparte el pacifismo internacionalista de su admirado Karl Liebknecht, líder de los espartaquistas, así como su denuncia de “los codiciosos fabricantes de cañones”, de los “comerciantes disfrazados” de lansquenetes alemanes, como los grandes interesados e instigadores de la guerra. Tucholsky pone su crítica al servicio de la clase obrera, para que no se deje engatusar de nuevo por toda aquella turba, y así no haya ninguna otra guerra. En opinión de Tucholsky, los representantes de la iglesia tuvieron un papel destacado a la hora de crear el clima de histeria anterior a, e imprescindible para, el inicio de la guerra. En “Hace ocho años”, acusa a los curas castrenses de olvidar “la palabra de su Señor”. Y en otro artículo leemos:
Tucholsky culpaba al capitalismo y al clero como instigadores del militarismo, como su alimento, material y espiritual, respectivamente. A los militares, a los oficiales, los consideraba los verdugos de las guerras, y contra ese gremio apuntó su crítica más afilada y constante. En 1919, Tucholsky publicó en la Weltbühne una serie de artículos que tenían por objeto la exposición de —en sus propias palabras—
Tucholsky se aprestó a dejar claro que la crítica no iba dirigida a un oficial en particular, ni a un grupo de oficiales, sino que su propósito era desenmascarar la mentira en que se sustentaba el “espíritu” del cuerpo de oficiales alemán. Era su afán demostrar cómo la Wehrmacht, cuerpo de defensa formado por oficiales alemanes, estaba embebida del viejo espíritu prusiano, y cómo sus intereses políticos no podían más que estar dirigidos en contra de la República socialdemócrata. En un cuerpo de defensa tendiente a lo imperial y a lo monárquico, Tucholsky distinguía un inmediato peligro para la joven República. Destacados sobre el grueso del cuerpo de oficiales, los de mayor rango, los generales, ocuparon un puesto de excepción en la crítica de Tucholsky. Éste reacciona con indignación al ver que dos de sus odiados generales, Hindenburg y Ludendorff, a su vuelta a la patria, ya derrotados, reciben el apelativo y el tratamiento de “héroes”:
Aquí Tucholsky alude al hecho de que Ludendorff, disfrazado y con el nombre falso de Lindström, se diera a la fuga hacia Suecia,
No obstante, más que todo esto, lo más nocivo del militarismo prusiano, era, según Tucholsky, la educación militar. Ésta era la máxima culpable del espíritu subyugado y obediente, enajenado, del pueblo alemán, espíritu que, a su vez, era condición esencial para el éxito de todas las mentiras institucionales y fatales. En el artículo “Eine deutsche Kindheit” (“Una infancia alemana), Tucholsky se refiere a la educación militar en los siguientes términos acusatorios:
Este tipo de educación, tan férrea, producía “Untertanen” (súbditos) en serie —para utilizar la justa designación del título de la famosa novela de Heinrich Mann—. Estos engendros de hombres, prestos a hacer reverencias ante cualquier orden de una autoridad plausible y cuya ductilidad de carácter allanó el camino de los interesados en instigar la guerra, los consideraba Tucholsky tan embrutecidos por la obediencia irreflexiva, que suponía que hasta la sangre ya tendrían infectada de subordinación marcial. Así lo dice en una de sus sátiras:
De la crítica al militarismo de Tucholsky, con tantas bifurcaciones temáticas como elementos en juego en esta institución eran apresados por su ojo crítico, se desprende, igual que sucede con su crítica a la prensa, su afán por denunciar lo falaz y malsano en la sociedad; en este caso, por dejar bien claros al descubierto los verdaderos motivos que se esconden detrás de los instigadores y comerciantes de la guerra, así como por llegar al corazón de la podredumbre del espíritu militarista. Pero sobre todo, el objetivo que persigue Tucholsky, con su actividad literaria, es “desinfectar” a las nuevas generaciones de la horrenda educación militar. Una educación que no merece este nombre, pues su objetivo es destruir a los hombres en tanto que seres individuales y responsables, acallar los dictámenes de su razón individual y someterlos a la autoridad del superior. Así, los hombres se convierten en números intercambiables dentro de una perfecta máquina de matar hombres. La lección de Tucholsky, saliendo al paso de todo esto, sí es educadora en el mejor sentido de la palabra: en el de educar a personas individuales, desertoras, refractarias y libres, únicas. Un nuevo hombre que, sin torcer el brazo de su razón, sea capaz de contestar a las tentaciones belicosas con el grito: “¡Guerra nunca más!” |
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