Contra los jueces
Introducción a la traducción de “Der Preussenhimmel” (“El cielo de los prusianos”)

La sátira “Der Preussenhimmel” (“El cielo de los prusianos”) es la representante en este trabajo de las sátiras que Tucholsky dirigió contra el sistema judicial de la República de Weimar (Arnold, 1972: pág 42). Viendo el contenido de esta sátira, y con cuánta tendenciosa arbitrariedad obra en ella Dios, en el papel de juez supremo, no es difícil advertir el porqué Tucholsky arremetiera contra los representantes de la “justicia”. Un trabajador ha sido asesinado por un grupo de estudiantes simpatizantes con la derecha radical, y su muerte queda sin castigar. En cambio, el Conde Arco-Valley, asesino del Primer Ministro Eisner, cumple tan sólo un mes de su condena a cadena perpetua, y a su vuelta a Munich es recibido con el honroso calificativo de “héroe nacional”. En el cielo ocurre otro tanto: el trabajador es insultado y, tachado de comunista, mandado al infierno; Arco-Valley es admitido y de él se dice que es un “hombre como Dios manda”.

Esta ficción se corresponde con una realidad política que, en contra de lo que podría parecer, no ha sido en absoluto exagerada en la sátira. Aun después de la Revolución de Noviembre y de la proclamación de la República, la Justicia seguía siendo tan reaccionaria como en tiempos del Imperio. El órgano judicial estaba compuesto por unos jueces antirrepublicanos y antidemocráticos. Como abogado que era, Tucholsky estaba especialmente cualificado para detectar la maleabilidad de los jueces, y así es que se dedicó a denunciar todas las injusticias que aquellos cometieran.

En el libro de E. Gumbel Vier Jahre politischer Mord (Cuatro años de asesinatos políticos), publicado en 1922, las cifras hablan por sí solas (Politische Justiz, pág. 7). De los 354 asesinatos cometidos a instancias de las fuerzas de la derecha, 326 quedaron sin penalizarse, los autores de los 28 restantes fueron condenados, pero solamente uno de ellos cumplió la condena en su totalidad. Ningún condenado a muerte. Bien distintas son las cifras que afectan a los autores de asesinatos instigados por fuerzas izquierdistas. De 22 asesinatos, 4 de sus autores no fueron penalizados, uno cumplió parte de su condena y 17 la cumplieron entera. 10 hombres fueron ejecutados.

A su publicación, Tucholsky llamó al libro de Gumbel el libro de la vergüenza alemana (“Das Buch von der deutschen Schande”), y al ver todas sus cifras, hizo pública su famosa condena: “Das hat mit Justiz überhaupt nichts zu tun. Das ist gar keine.” (“Esto no tiene absolutamente nada que ver con la justicia. Más bien es una injusticia.”). Poco después de la publicación de la estadística, Arco-Valley fue rehabilitado con todos los honores. De su liberación informaba la Münchner Post en los siguientes términos:

“Der begnadigte Eisner-Mörder Graf Arco wurde bei seiner Rückkehr in sein Schloβ St. Martin im Innkreis von der Bevölkerung des Dorfes auf das lebhafteste gefeiert. Die erste Begrüβung vollzog am Nachmittag die Gemeindevertretung mit dem Bürgermeister an der Spitze.” (Citado por Riha 1992: pág. 195)

(“Al regreso al castillo de St. Martin, de su propiedad, El Conde Arco, el absuelto asesino de Eisner, fue festejado con total animación en medio de la población del lugar. La bienvenida oficial la llevó a cabo al medidía una delegación municipal con el alcalde a su cabeza.”)

Para mejor entender la sátira “El cielo de los prusianos”, es necesario conocer quién fue y que representaba Kurt Eisner. Nacido en 1867, el 1899 entró a trabajar en la redacción del periódico comunista “Vorwärts”, del que sería despedido en 1905 acusado de “revisionista”. Como pacifista independiente, en 1917 pasó a formar parte del Partido Socialista Unificado Alemán (USPD). En noviembre de 1918 tuvo una destacada participación en el levantamiento de Munich, y con la proclamación de la República y tras las primeras elecciones democráticas, es elegido Ministro de la Presidencia por la coalición socialdemócrata. Representaba un socialismo entendido de forma muy particular, basado en principios filosóficos, sintetizable en su lema “Realpolitik des Idealismus” (“política pragmática del idealismo”), y que trataba de hacer compatibles el parlamentarismo constitucional y el sistema soviético de democracia directa (Rätesystem). El 21 de febrero de 1919, de camino al Parlamento, donde presumiblemente iba a presentar su dimisión, fue asesinado por el Conde Arco-Valley. Su muerte fue el preludio de la disolución de la Rätepolitik, cuya eliminación definitiva sería llevada a cabo por las tropas de Noske el 1 de mayo.

La sátira de Tucholsky es una denuncia de unos jueces que hicieron la vista gorda ante el asesinato de una personalidad como la de Eisner. Pero también lo es, y sobre todo, de esa supuesta “justicia celestial” que nublaba la cabeza de tantos “buenos” alemanes, los cuales, cegados por su nacionalismo, eran capaces de santificar el crimen más evidente en tanto que heroicidad patriótica. En “El cielo de los prusianos”, Arco-Valley se enorgullece de poder contar “con el beneplácito de todos los buenos, por no hablar de la clase de los apoderados.”

Sin embargo, Tucholsky, en esta sátira y en lo que es una constante en toda su obra crítica, no sólo se detiene a denunciar los hechos —en este caso, la arbitrariedad corrupta de los jueces—, sino que también trata de ridiculizar las formas: la actitud de los jueces en el curso de un proceso, el zafio abuso de su autoridad. Tucholsky veía en los procesos judiciales una realización concreta de la supremacía del estado sobre la persona, un estado que siempre resultaba el vencedor en esa clase de procesos. Allí veía representado el comportamiento del estado para con el individuo. En las salas de justicia, cada día se representa la tragicomedia de la Primera República Alemana. El juez tiene el papel principal. Y como decía Tucholsky:

“(...), der die Angeklagten, Zeugen und Verteidiger überhaupt nicht zu Wort kommen läβt, sondern der für sie alle spricht (...) herrisch, hochfahrend und ungezogen.” (Politische Justiz: pág. 7)

(“(...), el que no cede la palabra a los acusados, a los testigos ni a los defensores, sino que él mismo habla en el lugar de todos ellos (...) autoritario, altivo e impertinente.”)

En este abuso de autoridad no dejaba de intuir Tucholsky un insultante espíritu clasista. El sistema judicial de la República de Weimar estaba formado, según él, por un grupo de jueces de extracción reaccionaria que, haciendo uso de su palabra beatificada por ley, hacían por “sentenciar a muerte” a la democracia.

“Der Richterstand (...) repräsentiert einen klassenmässigen Ausschnitt aus dem Lande; er ist das Resultat einer Auswahl von Menschen, die nicht berechtigt sind, im Namen des Volkes Recht zu sprechen.” (Politische Justiz: pág. 7)

(“La magistratura (...) representa los intereses de una sola clase social de la nación; es el resultado de una elección de personas que no tienen ninguna legitimidad para ejercer el derecho en el nombre del pueblo.”)

© Marc Jiménez Buzzi