Sheila Allan

Singapur
1941-1945 (17-21 años)

Creo que en ese momento
me hice mayor, muy mayor, y me volví muy asustadiza...

Sheila Allan nació en Malasia en 1925. Creció en Singapur, hija de padre australiano y madre malaya. En febrero de 1942, cuando Sheila tenía diecisiete años, el régimen nacionalista de Japón tomó Singapur.

La entrada de Japón en la segunda guerra mundial fue la consecuencia de sus enfrentamientos con China durante la década de 1930 y sus ambiciones de controlar países como Corea y Singapur. Desde 1937, los líderes militares de Japón lanzaron a su ejército a una guerra de conquista en China, que costó la vida de millones de personas, civiles chinos en su mayoría.

La guerra contra China hizo que Japón entrara en conflicto con las potencias occidentales establecidas en Asia. A lo largo del año 1941 aumentó la tensión entre Japón y Gran Bretaña. Japón quería expandir su imperio para acceder a materias primas como el petróleo, el caucho y el estaño, un plan al que Gran Bretaña se opuso frontalmente. Tras varios meses de tensiones, Japón lanzó un ataque sorpresa sobre las colonias europeas de Asia y el Pacífico. En diciembre de 1941 Japón realizó otro ataque contra la base naval norteamericana de Pearl Harbour, en Hawai.

Los japoneses lograron algunas victorias, y en febrero de 1942 tomaron la base británica de Singapur y capturaron decenas de miles de soldados británicos, indios y australianos. Tras la caída de Singapur, Sheila y sus padres, junto con dos mil ciudadanos más de la Commonwealth británica, fueron conducidos a la infame prisión de Changi, en la península del mismo nombre, al este de Singapur. En un primer momento, a los prisioneros de Changi se les permitía vagar por toda la zona, pero a principios de marzo se construyeron vallas que cercaban los distintos campos, y el movimiento entre ellos quedó así limitado. Hacia finales de agosto llegó a la prisión el Estado Mayor japonés encargado de los prisioneros de guerra, y la seguridad se volvió mucho más estricta. Los prisioneros fueron obligados a comprometerse, mediante una declaración firmada, que no intentarían escapar. La vida cotidiana en el campo la organizaban los propios prisioneros, los cuales preparaban conciertos y otras formas de entretenimiento.

Fuera del campo, Japón se acercaba a la derrota. Los aliados respondieron a la conquista japonesa de Asia con una serie de contraataques contra las posesiones de Japón en Burma, Nueva Guinea y las islas del Pacífico. En agosto de 1945 los aliados se preparaban para invadir Japón, pero la entrada de Rusia en la guerra y los ataques con bombas atómicas por parte del ejército norteamericano sobre las ciudades japoneses de Hiroshima y Nagasaki, cuyas consecuencias fueron unos horrores sin precedentes, obligaron a Japón a rendirse. El 5 de septiembre, el ejército liberó Changi. La guerra del Pacífico costó la vida a cerca de once millones de chinos y a casi dos millones de japoneses.

El último deseo del padre de Sheila había sido que su hija fuera a Australia. Llegó allí en 1945 Y se graduó como enfermera. Se casó en 1958 y tuvo un hijo, que es miembro de la RAAF (la Real Fuerza Aérea Australiana), y una hija. En 2002 fue de viaje a Londres, en busca de las respuestas a algunas preguntas acerca de la prisión de Changi y el campo de Sime Road. En el año 2004 realizó un emotivo viaje a Singapur con el fin de decir adiós a la prisión de Changi, un hecho testimoniado por el documental Sayonara Changi.

En el documental, Sheila habla largo y tendido sobre el tiempo que pasó en el campo. Habla también de los edredones de Changi, que, según la versión oficial, las prisioneras fabricaban para los hospitales de Changi. Éstas, sin embargo, con esta actividad aliviaban su aburrimiento, mantenían alto el ánimo y pasaban información a otros campos. Se pidió a cada mujer que dejara «algo de sí misma» en ellos, junto a su firma. El trabajo de Sheila estaba representado en el edredón para Australia.

Sheila dice que «disfruta cada momento de su vida y que se siente agradecida de haber sobrevivido».

Voces robadas. Diarios de guerra de niños y adolescentes.
© Edición: Zlata FilopovićMelanie Challenger.
© Traducción: Marc Jiménez Buzzi.