Nina Kosterina

Rusia
1936-1941 (15-20 años)

Bien, entoces, estoy preparada... Quiero acción,
quiero ir al frente...

Nacida en 1921, los de la infancia de Nina coinciden con los difíciles e inciertos años posteriores a la Revolución. Su padre, un periodista de Moscú, escribió que para su hija pequeña improvisaron una cuna rudimentaria en un abrevadero acolchado con sus viejas chaquetas de partisano. Aunque al principio con dificultades económicas, la vida familiar era cálida y feliz. En verano iban de vacaciones al Volga, se sentaban alrededor de un fuego de campo y el señor Kosterin contaba batallitas de la Revolución.

A principios del siglo xx el partido bolchevique, un grupo político de extrema izquierda, lideró la revolución que acabaría dando el control de Rusia al partido. El líder del partido era Lenin. La Revolución bolchevique pretendía quitar el poder a la elite dominante para entregárselo a las clases trabajadores. Así, se instauraron una serie de leyes que abolían el derecho a la propiedad privada y devolvían la tierra a los campesinos; se confió a los trabajadores el control de la industria, y se suspendieron muchos privilegios de clase, como el de la herencia. En esa época se creó también un ejército de trabajadores. Con el tiempo, el partido se escindió en dos grupos: el de los seguidores de León Trotski y de su orientación ultracomunista, y el de los partidarios de Joseph Stalin, cuyo principal objetivo era construir un nuevo orden económico, distinto del bolchevismo original. En 1924, tras la prematura muerte de Lenin, Stalin lo sucedió como líder del partido y máximo dirigente del Gobierno. Trotski se exilió a México, donde fue asesinado en 1940.

En la década de 1930 el poder de Stalin se asentaba sobre un control estricto del partido y de la sociedad en general. Con el fin de sofocar el descontento y de expulsar a aquellos que se oponían a su liderazgo, Stalin emprendió «la Gran Purga», la cual conllevó el arresto, el exilio o el asesinato de millones de personas consideradas como una amenaza para el Estado ideal que el dictador anhelaba. En los famosos juicios de Moscú, un tribunal juzgó a oficiales soviéticos de distintos rangos, acusados de cargos falsos, y dictó muchas sentencias de muerte. Sin embargo, muchos de los que se oponían al régimen de Stalin no fueron siquiera juzgados, sino que simplemente «desaparecieron». Hija de un comunista, Nina ingresó en la Liga Comunista Juvenil (Komsomol) en una época en que sobre Rusia se cernía la amenaza de la segunda guerra mundial. Fue testigo de cómo su padre y otros miembros de su familia «desaparecieron», ya fuera en la prisión o en la clandestinidad, para volver tan sólo cuando se necesitó a todos los rusos, adictos al régimen o no, para luchar contra los nazis.

Enfrentado a la Alemania nazi, Stalin infravaloró el peligro que representaba Hitler, creyendo que podría negociar un pacto con el dictador alemán que evitase la contienda militar. En un primer momento pareció que eso se podría lograr, ya que Stalin consiguió llegar a algunos acuerdos con Alemania, incluido el pacto germano-soviético de no agresión firmado en 1939. No obstante, vislumbrando que Rusia no estaba preparada para la guerra, Hitler juzgó oportuno aprovecharse de su debilidad. Tomó la decisión de invadir Rusia en diciembre de 1940, y durante la primavera de 1941 acumuló tropas en las fronteras rusas. La madrugada del 22 de junio de 1941, los soldados alemanes penetraron en territorio ruso, lo que significaba el inicio oficial de la guerra. Las primeras semanas de guerra resultaron devastadoras para el ejército ruso. Sólo en los primeros días fueron abatidos más de 2.000 aviones rusos.

El valor y coraje de personas como Nina se tradujo en la fuerte contraofensiva del frente de Moscú, que logró repeler al ejército alemán y hacerlo retroceder más de 300 kilómetros. Los alemanes, que confiaban en obtener una rápida victoria, infravaloraron la crudeza del invierno ruso, lo que tuvo para ellos graves consecuencias durante la Batalla de Stalingrado. El estoicismo mostrado por el pueblo ruso durante los años de la guerra casi no tiene parangón en la historia, aunque tuvo un precio amargo y severo. Cuando por fin el ejército ruso tomó Berlín y consiguió la victoria sobre Alemania, habían perdido la vida más de 15 millones de soldados y civiles rusos, sin contar los innumerables que sufrieron graves lesiones.

Nina murió en el frente ruso con tan sólo veinte años de edad.

Voces robadas. Diarios de guerra de niños y adolescentes.
© Edición: Zlata FilopovićMelanie Challenger.
© Traducción: Marc Jiménez Buzzi.