Solución final
©Fotos: Marta Buzzi Ribas. Placas a la entrada de las casas recordando a los "deportados" o sometidos a "tratamiento especial" durante la Solución Final.

¿Debió bombardearse Auschwitz?

(pág. 291) Estos informes presentan Auschwitz como un objetivo aliado prioritario sólo por razones industriales; se trata claramente de una prioridad militar.43 Las menciones al trabajo forzado, a la disciplina y a los campos de concentración son objetivas e incidentales. Pero Auschwitz también se propuso como objetivo potencial por razones humanitarias. Esta posibilidad la propuso por vez primera, a finales de verano del 1943, el gobierno polaco en el exilio londinense, con la esperanza de que incluso un bombardeo limitado de Auschwitz-Birkenau pudiera lisiar la maquinaria del exterminio o, al menos, ralentizar el progreso inexorable de la Solución Final.

La bibliografía sobre esta materia se divide en dos argumentos: ¿Debió bombardearse Auschwitz? ¿Pudo bombardearse Auschwitz? La plausibilidad operativa fue objeto de debate, y existían dudas técnicas. ¿Se disponía de suficiente información o, tal como se ha sostenido, ésta era de «escasa utilidad desde un punto de vista militar»?44 La imprecisión de los bombardeos desde gran altitud, los daños y víctimas colaterales, el desvío de los recursos, la pérdida potencial de fuerza aérea y el «coste … para nada» se esgrimieron como argumentos contrarios a emprender esa misión. Los partidarios del bombardeo consideraron esas preocupaciones como «simples excusas para no hacer nada» y un fracaso moral.45

Las noticias de la rebelión del gueto de Varsovia y los esfuerzos polacos para liberarse del yugo alemán antes de que los soviéticos llegaran a Varsovia espolearon a Churchill y Roosevelt a mandar ayuda y armas. Había poco tiempo, pero Stalin había rechazado un telegrama en que los dos jefes de estado le pedían que apoyara a los antinazis de Varsovia. No le interesaba que se formara un gobierno polaco no comunista. También había denegado el permiso para que se usaran los aeródromos cercanos bajo control soviético, de modo que las misiones aliadas para lanzar municiones y ayuda se vieron obligadas a volar desde Foggia, en Italia. No sólo muchos de los materiales cayeron en territorio controlado por los alemanes, sino que el número de bajas en los escuadrones de la RAF, formados mayoritariamente por voluntarios, fue bastante alto. De los 181 aviones que despegaron, 31 no regresaron. Durante el mismo período, sin embargo, aviones estadounidenses que habían despegado desde Inglaterra bombarderaon una fábrica aeronáutica en Gdynia y dos refinerías de petróleo cercanas a Auschwitz. El 20 de agosto 127 fortalezas volantes* de la XV Fuerza Aérea estadounidense, tras despegar de la base de Foggia escoltadas por 100 Mustangs, lanzaron 1.335 bombas de 250 kilos cada una sobre una fábrica de la I.G. Farben situada a pocos kilómetros al este de Auschwitz. Se perdió un bombardero.46

Para los prisioneros de Auschwitz y Birkenau, contemplar esos escuadrones volando a gran altura fue un espectáculo desolador. Hugo Gryn, que a la sazón tenía 15 años, lo recordó como «la sensación de estar totalmente abandonado».47 Había la voluntad y la capacidad de destruir las fábricas y las refinerías cercanas; ¿no se podían bombardear al menos las líneas ferroviarias que llevaban a las fábricas de la muerte?

Cuando John Pehle, del Departamento del Tesoro, planteó la cuestión a John J. McCloy, el asistente del secretario de la Guerra, éste le dijo que esos bombardeos violarían la política del Departamento de la Guerra. No debían desviarse recursos para misiones de rescate sin fines militares. No se bombardearían las líneas ferroviarias, el Lager, las cámaras de gas o los crematorios. Durante años, McCloy fue acusado de gélida indiferencia y de terquedad, pero finalmente se supo que la decisión no había sido suya. No fue hasta que el hijo de Morgenthau le hizo una entrevista en 1986, casi veinte años después de la muerte de su padre,** cuando McCloy reveló que Roosevelt había rechazado la propuesta alegando que «[nos] acusarán de … bombardear a esa gente inocente … Nos acusarán de haber participado en esa horrible matanza».48

Se puede debatir qué se podría haber conseguido con un ataque aéreo, cuántas vidas se podrían haber salvado. Los aliados tenían constancia de que se perpetraban asesinatos masivos en Polonia y Rusia desde el otoño de 1941. Schulte había informado sobre los campos de la muerte de Auschwitz-Birkenau en el verano de 1942. Aunque no se hubiera logrado nada más, el bombardeo de Auschwitz se habría reconocido como una clara e inequívoca expresión de indignación moral y de condena; al menos habría tenido el valor de un alegato. A finales de 1944, un simple bombardeo habría sido demasiado poco, y habría llegado demasiado tarde.

Alianza contra Hitler. La historia secreta de la colaboración entre los servicios de espionaje aliados y nazis durante la segunda guerra mundial.
© Edición: Agostino von hassell y Sigrid MacRace
© Traducción: Marc Jiménez Buzzi.


43. Los negadores del Holocausto, como el escritor británico David Irving, niegan que Auschwitz fuera un campo de exterminio. Si bien es improbable que Irving viera estos archivos de la OSS, desclasificados en 2003, hay abundantes pruebas sobre Auschwitz.
44. El informe de Vrba-Wetzler de junio de 1944 suministraba dibujos e información, pero en algunos sectores fue considerado inadecuado. Véase James H. Kitchens, «The Bombing of Auschwitz Reconsidered», pp. 233—66, para más detalles sobre el argumento contrario al bombardeo.
45. David Wyrnan, «Auschwitz, Bombing of», en The Encyclopedia of the Holocaust, editada por Israel Gutman (New York: MacMillan, 1990), pp. 119—21.
46. Ibid., pp. 305—307.
47. Martin Gilbert, Auschwitz and the Allies, p. 301.
48. Michael Beschloss, The Conquerors, pp. 65—66, 66n12. También se creía que ese bombardeo podía precipitar las represalias de las SS contra los internos.

* Los bombarderos de larga distancia estadounidenses Boeing B-17, las «flying fortresses» (fortalezas volantes), eran bombarderos cuatrimotores pesados que tuvieron un papel clave en la segunda guerra mundial. (N. del t.)
** Henry Morgenthau (1891-1967) fue el secretario del Tesoro durante la administración Roosevelt. Su hijo, Robert M. Morgenthau (nacido en 1919) lleva más de veinte años ocupando el cargo de fiscal del distrito de Nueva York. (N. del t.)

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